Justo entonces, su teléfono vibró.
Era un mensaje de Lilia.
—Revisa las noticias. Ahora.
A Amelia se le encogió el corazón. Tocó el enlace.
La noticia ya había salido. El estado crítico de Fiona. Los Rowe se reunirían para escuchar el testamento. Todo.
Debajo del titular había una foto, tomada claramente por un reportero escondido cerca.
Al fondo se veía la entrada de un bufete de abogados. El ángulo era preciso y furtivo. Enmarcaba a Amelia y a Ethan caminando justo detrás de Fiona.
La foto estaba un poco borrosa, pues había sido tomada desde lejos. Aun así, captaba su rostro pálido y el ceño profundamente fruncido de Ethan.
Para quienes lo veían desde fuera, parecían una pareja casada preocupada.
El dedo de Amelia bajó por la pantalla casi por sí solo. Abrió la sección de comentarios.
[Lo juro, ¿qué tan descarada puede ser Amelia? ¡Ya están divorciados y aun así aparece para el testamento! ¿Tan desesperada está por dinero?]
[La típica exesposa de familia rica. Su último intento antes de que la echen. ¡Qué patética!]
[Escuché que se casó con la familia por dinero. Ahora todos pueden ver su verdadera cara. Ethan debió de estar ciego.]
[Me da pena mi galán favorito. Está preocupado por su abuela y además tiene que lidiar con esa ex loca. Pobre hombre.]
[De acuerdo. Una cazafortunas como ella debería irse sin nada.]
Amelia se quedó mirando la pantalla. Extraños. Personas que no la conocían en absoluto. Lanzándole insultos como si no costara nada.
Ella no había pedido nada. Incluso había rechazado aquella enorme herencia.
Pero ante los ojos del público, ya era una cazafortunas codiciosa y sinvergüenza.
El pensamiento le oprimió el pecho.
Cuando regresó a la oficina, Amelia entró directo a su despacho privado.
Se dejó caer en la silla, débil y agotada. No se movió durante mucho tiempo.
Al final, levantó la cabeza despacio. Sus ojos se posaron en la carta que sostenía entre las manos.
Vaciló, pero al final abrió el sobre.
Desdobló la hoja. La letra pulcra y firme de Fiona llenaba la página.
—Para mi nieta política, Amelia.
—Si estás leyendo esto, probablemente mi tiempo en este mundo esté por terminar.
—Tal vez te parezca extraño que te haya dejado la finca Evershade.
—Es porque... hace mucho tiempo, yo me parecía mucho a ti.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Un Matrimonio Sin Contacto, Una Despedida Sin Lágrimas