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Un Matrimonio Sin Contacto, Una Despedida Sin Lágrimas romance Capítulo 537

Al final, los tres esperaron más de una hora afuera del restaurante cajún antes de que por fin les asignaran una mesa.

Lilia ya se había remangado y empezó a señalar con entusiasmo los platillos del menú.

Sin embargo, quizá porque sus expectativas eran demasiado altas, cuando sacaron el primer trozo de salchicha del guiso caliente y lo probaron, las expresiones de los tres se congelaron por un instante.

El sabor era muy común.

No se diferenciaba de cualquier restaurante cajún de cadena en Eldoria.

Lilia fue la primera en perder la paciencia. Masticó con enojo un trozo de salchicha que ni siquiera estaba jugoso y se quejó: —¡¿Qué lista de lugares imperdibles ni qué nada?! Las reseñas lo pintaban como algo increíble, ¿y esto es todo? ¡Definitivamente voy a dejarles una reseña terrible! ¡Están jugando con los sentimientos de los consumidores!

Timoteo intentó calmarla sirviéndole un camarón en el plato. Amelia solo sonrió y negó con la cabeza, sin decir nada.

Para ella, pasar tiempo con amigos era mucho más importante que el sabor de la comida.

La cena terminó entre las fuertes quejas de Lilia. Cuando regresaron al hotel, Amelia sentía que todo, desde el cabello hasta el dobladillo de su ropa, olía al guiso cajún, así que decidió bañarse primero.

Cuando salió envuelta en una bata holgada del hotel, apareció una solicitud de videollamada de Mateo.

Amelia la aceptó sin pensarlo, y el apuesto rostro de Mateo apareció de inmediato en la pantalla.

Parecía estar en su estudio, con estantes de libros ordenados detrás de él.

Al verla en pantalla, se quedó quieto un momento, y luego sus ojos se oscurecieron. —Apenas te fuiste de viaje de negocios y ya me estás preparando una sorpresa así, ¿eh?

Siguiendo su mirada, Amelia bajó los ojos y de pronto se dio cuenta de que el cuello de la bata se había abierto un poco al moverse, dejando ver sus delicadas clavículas y un trozo de piel clara.

Se cubrió el pecho de prisa con la mano y dijo avergonzada: —¡Yo... yo acabo de bañarme! ¡Espera tantito!

Dejó el teléfono boca abajo sobre la cama y corrió al vestidor para ponerse una pijama limpia y cómoda.

Cuando volvió a tomar el teléfono, su corazón aún latía un poco rápido.

Al otro lado de la videollamada, Mateo parecía estar de muy buen humor. Su risa profunda sonó por el altavoz.

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