Durante la cuarentena de Celestia, Gerard tenía que cuidar de la madre y el hijo.
Mientras tanto, sus primos se encargarían de la empresa. Sin él, la Corporación Castell podía seguir funcionando como si nada. La empresa había crecido enormemente desde que él tomó las riendas hacía casi una década.
Félix siguió conversando con Gerard, que estaba lavando los platos en el baño.
Mientras tanto, Jasmina entró al cuarto de Celestia con el ramo de flores.
—Cele.
Al ver que Celestia ya se había cambiado de ropa, Jasmina dijo:
—Se nota que no aguantas las ganas de irte del hospital. Ya te cambiaste y todavía no terminan los trámites del alta.
Le entregó el ramo a Celestia.
Celestia aceptó las flores y le dio las gracias. Dijo:
—Estuve en el hospital mucho más tiempo que tú. A mí me internaron antes del parto, mientras que el tuyo fue de emergencia. A ti te dieron el alta a los pocos días.
»¿A quién le gusta estar en un hospital? Claro que estoy ansiosa por ir a casa.
Aunque dar a luz era una ocasión feliz, a Celestia igual no le gustaba el hospital.
Estar en casa era mucho más cómodo.
Jasmina sonrió.
—¡Tía Cele, tía Cele!
La voz de Nacho resonó desde afuera. Siempre se le oía antes de que apareciera.
Entró corriendo a la sala.
Cristiano no estaba en su silla de ruedas. Apuró el paso y gritó:
—¡Nacho, no corras, que te vas a caer!
Lilia le recordó:
—No tienes que preocuparte por él, Cristiano. Cuídate tú. No puedes caminar tan rápido.


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