Mientras Agustín e Isabela seguían de melosos, Celestia desayunaba en el hospital.
La abuela Mariaje sostenía a su bisnieto en brazos. Jugaba con Uriel mientras le decía a Tania:
—Este niño se está empezando a parecer a Cele.
Tania observó a su nieto y dijo:
—Cele lo llevó nueve meses en la panza y lo trajo al mundo. Es justo que se parezca a ella después de todo lo que pasó.
Celestia era muy guapa. Si Uriel se parecía a ella, sin duda sería un chico muy apuesto en el futuro.
Claro que a Tania no le importaba si Uriel se parecía a Gerard o a Celestia, siempre y cuando estuviera sano.
—Los bebés crecen muy rápido. Este niño se ve mucho más lindo que cuando acaba de nacer.
Las palabras de Tania revelaron que pensaban que Uriel era un poco feíto al nacer. Bueno, era porque habían estado rodeados de niños preciosos como Nacho, Moisés y los hijos de los Leandro.
Cada uno de ellos era una belleza.
La abuela Mariaje dijo:
—Los niños de nuestra familia siempre serán adorables. Uriel, hoy nos vamos a casa.
Su expresión estaba llena de amor.
En ese momento, Uriel abrió los ojos. Miró fijamente a la abuela Mariaje y sonrió.
Como solo tenía unos días de nacido, era una sonrisa instintiva y no una respuesta a ver a alguien.
Habiendo vivido tanto tiempo, la abuela Mariaje lo sabía. Sin embargo, igual se alegró mucho y le dijo a Tania:
—¡Uriel está sonriendo! Se ve tan lindo cuando sonríe. Se me derritió el corazón cuando me sonrió.
Tania le dijo a Uriel:
—Sonríele a la abue también.
Uriel volvió a sonreír.
Tania dijo feliz:
—Parece que nos entiende. Definitivamente será un niño al que le guste sonreír, no como Gerard. Gerard siempre anda con cara de pocos amigos, como si todo el mundo le debiera plata.
Gerard, que estaba en medio de empacar las cosas, dijo:

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