Lucio Belmonte, que era un experto en sacar provecho de las situaciones, seguro que ofrecería su ayuda en ese momento. Era para evitar que los Belmonte quedaran excluidos en el futuro.
Sin embargo, sus acciones igual serían criticadas.
Aunque Donato y María se hubieran confesado su amor, el hecho de que los Belmonte se hubieran mantenido al margen de los Muñoz en un momento tan difícil siempre sería una espinita clavada en el corazón de María.
A pesar de todo, a Donato eso no le importaba.
Le había dicho a María que regresara a Rubiola cuando la situación de su familia mejorara. Vivirían juntos, lejos de sus familias. Era un pensamiento que lo hacía feliz.
—Bueno. Habla tú mismo con tu papá. Sigue con tu trabajo, ya no te molesto más.
Petrarca al principio quería averiguar qué tan avanzada iba la relación de Donato y Yadira.
No se esperaba que Donato siguiera tan clavado con María y que incluso se le hubiera declarado.
«Ni modo», pensó. Donato ya pasaba de los treinta. Sabía lo que quería. Ya no podía meterse en sus decisiones.
Por otro lado, Yadira estornudó.
Dayan, que iba en el asiento del copiloto, le preguntó: —¿Te resfriaste?
—No. Fue solo un estornudo. No exageres. ¿A poco tú no estornudas?
No estaba estornudando seguido, que era uno de los síntomas del resfriado.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Unidos por la abuela