Evaldo no pudo detener a Rosalinda. De hecho, ella incluso lo cubrió a él, bebiéndose las copas en su nombre durante los brindis.
Preocupado de que pronto estuviera borracha, finalmente la agarró del brazo.
—Rosalinda, vámonos. Nos despediremos del señor Maristán y nos iremos. Es tarde.
—¿Ya se fue Osiris? —preguntó Rosalinda de repente.
—Ni idea. No lo he visto en un rato.
Evaldo hizo una pausa, dándose cuenta.
—Espera, ¿bebiste tanto porque te hizo enojar?
—¿Y qué importa si se ha ido? ¿No nos vamos a ir antes que él?
¿Estaba realmente tan obsesionada con Osiris?
Evaldo notó su inusual preocupación, pero no le dio importancia. Después de todo, no estaban saliendo oficialmente y solo estaban tanteando el terreno. Si las cosas no funcionaban, seguirían siendo amigos.
—Le irá con el chisme a mi abuelo —masculló Rosalinda.
—Antes, cuando salí un momento, le tiré una copa. Y le di una patada.
Evaldo se quedó sin palabras por un momento.
—Sabes, realmente deberías ser más considerada con el señor Maristán. Lo pondrás en una situación incómoda si ocurre una escena así en su fiesta.
—No pasará nada mientras Osiris no se queje aquí. Es que es tan insoportable. Me encantaría meterlo en un saco y darle una paliza.
Evaldo suspiró.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Unidos por la abuela