—El resultado hubiera sido el mismo sin importar quién te trajera de vuelta.
—¿De verdad? —murmuró Rosalinda—. Evaldo era mi cita. Ambos estábamos interesados en llevar nuestra relación a otro nivel. En cambio, Osiris es mi competencia. Siempre nos sacamos de quicio cada vez que nos vemos.
Damián se rio.
—Entonces, ¿por qué dejaste plantado a Evaldo y te lanzaste a los brazos de Osiris en cuanto lo viste? No te le despegabas.
La cara de Rosalinda se puso roja de inmediato. Se quedó sin palabras.
Se comportaba como una persona completamente diferente cada vez que se emborrachaba.
—Abuelo, Damián, ¿ustedes me ayudaron a evitar que se filtrara lo que pasó? —preguntó Rosalinda.
—Evaldo les pidió a los que estaban allí que no dijeran nada —dijo el viejo señor Rafael, enojado—. Les explicó que estabas borracha.
»Mucha gente de nuestro círculo social ya sabe cómo te pones cuando bebes de más.
»No les sorprendió mucho que coquetearas con Osiris en tu estado de ebriedad. Más bien, les pareció curioso verte borracha, porque hacía años que no te veían así.
Rosalinda se rio y soltó un suspiro de alivio.
Evaldo había sido de gran ayuda.
Lo llamaría más tarde. Tenía que agradecerle y disculparse por lo de anoche.
—Evaldo dijo que ustedes dos no son compatibles y que es mejor que sean solo amigos, Rosalinda —dijo Damián.
El señor Rafael suspiró.
—Por tu culpa, perdí a mi posible yerno.
Rosalinda se quedó pasmada por un momento antes de asentir, comprendiendo. Después del incidente de anoche, seguro que Evaldo sospecharía que a ella le interesaba Osiris.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Unidos por la abuela