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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 1166

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Luis hizo lo que ella pidió y levantó los pies. Raquel limpió los restos carbonizados de la mesa de centro, encendió el sistema de ventilación de la casa y, después de un rato, cuando el mal olor por fin se disipó, volvió a la cocina. Solo quería terminar rápido para poder echar a ese viejo amargado.

Mauricio solía visitarla de vez en cuando para ver cómo estaba. Si llegaba en ese momento y le informaba a su hermano mayor, Raquel no sabría cómo explicarlo.

Se quitó el delantal y, cuando el último platillo estuvo listo, se lo sirvió frente a él.

—Come rápido y vete.

Ya era tarde; si seguían perdiendo el tiempo, iba a amanecer.

Raquel bostezó mientras hablaba.

No había mucho en el refrigerador, así que preparó algo sencillo. Además de unas verduras, hizo unos camarones al ajo.

Se sirvió un plato de comida y se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas, justo al lado de los pies de Luis. Peló un camarón y lo puso en su plato. Justo cuando iba a pelar el segundo, sin quitarle los ojos a la televisión, un tenedor se cruzó y le robó el camarón de su plato.

—¡Oye, mi camarón! Regrésamelo.

Para cuando terminó de hablar, el camarón ya estaba en la boca de Luis.

—Sigue pelando. Está delicioso.

—¡¿Por qué eres así?! ¡Le robas la comida a una niña!

¡Este tipo ya estaba viejo y seguía atormentándola!

—¿Niña? —Luis soltó una carcajada cínica—. Hace unos meses dejaste de ser una niña para convertirte en mujer. Ya no eres ninguna niña.

Se refería a la vez que Raquel se le entregó.

Este infeliz...

Escucharlo decirlo con tanto descaro hizo que las mejillas de Raquel ardieran.

—Nunca nadie me ha pelado camarones, así que considéralo un premio —dijo Raquel, y se alejó un poco para evitar que le robara más comida.

Para su sorpresa, Luis bajó del sofá. Dejó los cubiertos, usó sus dedos largos y elegantes para pelar un camarón con cuidado y, un momento después, dejó la carne perfectamente limpia en el plato de ella.

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