Rafaela se observó un momento más en el espejo. Definitivamente, se veía preciosa.
Pero, fiel a su estilo, no le dio el gusto.
—Está pasable, nada del otro mundo.
—Me alegra que te guste —respondió Liberto con calma.
—¿Quién dijo que me gusta? No te des tanta importancia —replicó ella.
Fuera de la cabaña principal, las olas rompían con fuerza contra la costa creando un sonido imponente y majestuoso. La noche anterior, el personal había barrido minuciosamente la playa, quitando cualquier objeto afilado escondido en la arena, para que pudieran caminar descalzos sin temor a lastimarse.
A Rafaela le encantaba el mar, pero lo que más disfrutaba era buscar hermosas conchitas que las olas dejaban en la orilla. Las acercaba a su oído e imaginaba que escuchaba el murmullo del océano.
Rafaela corría intentando atrapar la espuma de las olas, mientras Liberto caminaba detrás de ella a paso tranquilo, sin quitarle los ojos de encima ni por un instante. La brisa apartaba el cabello de su frente, revelando una mirada profunda, oscura, pero llena de una infinita ternura y devoción.
Al verla agachada en la orilla examinando algo, Liberto se acercó y apoyó una rodilla en la arena.
—¿Qué encontraste?
Rafaela lavó en el agua una concha traslúcida de tono rosado, quitándole la arena, y la sostuvo frente al sol para apreciar su brillo.
—¿No es hermosa?
—Sí, muy hermosa.
Aunque sus palabras se referían al objeto, sus ojos estaban fijos en el rostro iluminado y sonriente de Rafaela.
—Voy a buscar más. Quiero hacerle un collar a Maritza para regalárselo.
Liberto abrió la boca para decir algo, pero antes de que pudiera pronunciar palabra, ella ya se había levantado y salido corriendo. Avanzaba caminando hacia atrás para poder mirarlo de frente.
—¡Qué lento eres!
—Liberto, ¿soy hermosa?
Para evitar que el sonido de las olas ahogara su voz, gritó a todo pulmón.
—Eres hermosísima.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...