—¿Cuándo... podrás llamarme siempre así?
¿Ya estaba diciendo tonterías?
Rafaela le dio una palmada en la cara.
—Me estás abrazando muy fuerte, no me dejas respirar.
—¿De verdad estás borracho?
Él aflojó un poco los brazos. Rafaela lo miró; tenía los ojos cerrados y su respiración era pesada. No parecía estar fingiendo.
Clara llamó a la puerta, que al no estar asegurada, se abrió sola.
—Srta. Rafaela, la sopa para la resaca ya está lista.
—Pasa, déjala en la mesita de noche.
Rafaela no podía levantarse en ese momento.
—Por cierto, ¿Alonso está bien? ¿Cómo sigue?
—El Sr. Alonso ya se quedó dormido, así que no quise molestarlo.
Clara cerró la puerta al salir.
Rafaela realmente no sabía que cuando él se emborrachaba se volvía tan pegajoso; era como un chicle imposible de despegar. Como notó que él aún estaba un poco consciente, hizo un gran esfuerzo para soltarse de su agarre.
Sentada al borde de la cama, Rafaela le dio unas palmaditas.
—Levántate a tomarte la sopa.
—¿Liberto?
Liberto abrió un poco los ojos; su mirada borrosa se veía oscura y profunda.
Rafaela lo ayudó a enderezarse y a recargarse contra la cabecera de la cama. Acercó el tazón con la sopa y se lo puso enfrente.
—Tómatela tú solo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...