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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 1179

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—No es justo para nada...

Rafaela se cansó de estar sentada, así que se acostó junto a él. Apoyó la cabeza en su brazo y estiró la mano para acariciarle las cejas y los ojos.

—Liberto... vamos a seguir así, viviendo un día a la vez.

Mientras hablaba, Rafaela se acurrucó más, apoyándose en su pecho, y poco a poco se quedó dormida.

El sonido de su respiración tranquila llenaba claramente la habitación. La mujer en sus brazos parecía estar profundamente dormida.

Sin embargo, el hombre que supuestamente estaba ebrio abrió lentamente sus ojos oscuros, revelando una mirada completamente sobria...

En el estudio, Liberto estaba sentado frente al escritorio, pellizcándose el puente de la nariz. Su mente daba vueltas a las palabras que ella había dicho, dejándolo inquieto. Unos minutos después, su teléfono sonó y contestó.

—En los últimos reportes médicos de la señora no se ha detectado ninguna enfermedad psiquiátrica, y en las últimas generaciones de la familia Jara tampoco hay antecedentes genéticos de problemas mentales —informó Mauricio.

El tono de Liberto se volvió más grave.

—Entendido.

Vida pasada, Penélope, Divorcio sin bienes...

Esas breves palabras clave, unidas entre sí, parecían imposibles de creer. Al principio, Liberto solo pensó que era un sueño de ella. Nunca había creído en fantasmas ni en deidades, y mucho menos en algo como reencarnar. Sin embargo, los cambios en Rafaela desde el principio, incluyendo el hecho de que supiera de la existencia de Penélope mucho antes, empezaban a conectar como hilos que evidenciaban esos sucesos.

¿Qué más... sabía ella!

...

En la villa a mitad de la montaña en las afueras de la ciudad, Luis recibió los gruesos documentos enviados desde Francia. Al revisar todo el contenido, una sonrisa perversa se dibujó en el rostro del hombre, con los labios rojos como si estuvieran teñidos de sangre. Desde el piso de arriba, se escuchó un ruido fuerte, como de algo volviéndose a romper.

Un rato después, una empleada bajó las escaleras sosteniendo una bandeja con pedazos de porcelana rota.

—Señor, la señorita Raquel sigue negándose a comer.

—Vuelvan a prepararlo y síganselo llevando hasta que acepte comer.

—Sí, señor.

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