—Sí, joven amo.
Para poder movilizar a los guardaespaldas de la familia Huerta, eliminar a tanta gente sin hacer el menor ruido y entrar y salir a sus anchas de la habitación de hospital de Vanessa, Liberto estaba seguro de que en Floranova no había nadie capaz de hacer algo así que no fuera un miembro de su propia familia.
Y para otorgar semejante nivel de autoridad, no podía ser otro que Saúl Huerta.
—¿Deberíamos dejar que intervenga la policía? Después de todo, con un poco más de respaldo podríamos asegurar mejor la integridad de la Srta. Raquel.
Justo en ese momento, en la habitación contigua a la que ocupaba Liberto, se desató una fuerte discusión.
—Mmm.
Con esa simple afirmación, Liberto se levantó y fue a buscar a Rafaela. Al entrar, vio al camarero, quien hablaba apresurado.
—Señorita, de verdad lo siento muchísimo, me equivoqué de sala. Acabo de recordar que el Sr. Liberto dio órdenes estrictas de que no le sirviéramos bebidas frías.
Rafaela se encogió de hombros.
—Ya me lo comí, ¡qué te importa!
El camarero estaba aterrorizado de que a esta joven tan temperamental le cayera mal la comida. En El Palacio Gastronómico, el personal tenía dos reglas de oro: el cliente siempre tenía la razón y no había margen para el más mínimo error.
La voz de Liberto resonó pausada, como la de un salvador.
—No pasa nada, retírate.
—Lo siento muchísimo, Sr. Liberto.
Tras la salida del camarero, quien no olvidó cerrar la puerta, Liberto se sentó junto a Rafaela y la observó comer su helado de fresa.
—Podrías comer un poco menos.
—Qué ruidoso eres.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...