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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 1195

—¿Y cómo te enteraste? —Normalmente, Liberto solía hacer la vista gorda con las locuras de su supuesto amigo. Mientras no cruzara ciertas líneas, actuaba como si nada pasara. En un entorno corporativo como el Grupo Jara, las peleas y las envidias estaban a la orden del día. Más allá del talento, muchos solo buscaban arrimarse a alguien poderoso para subir posiciones. Y si se trataba de un puesto como el de Director, seguro había un montón de personas dispuestas a matarse por conseguirlo.

Que esta vez él mismo decidiera intervenir por Raquel...

—Te preocupas mucho por ella, patán. ¿No me digas que ya te enamoraste de otra?

Liberto supo de inmediato lo que estaba maquinando la mente de su hermosa esposa.

—Rafaela... llevas todo el día en casa, ¿en qué tantas locuras estás pensando?

—Si no es eso, entonces, ¿por qué de repente te importa tanto lo que le pase? ¡Si no hay gato encerrado, qué más va a ser!

—Esto es solo un incidente aislado; la mayor parte del despido fue porque tiene las manos muy largas —dijo Liberto, mirándola fijamente.

Rafaela esbozó una sonrisa irónica.

—Me he dado cuenta de que todos los que tienen algún tipo de relación contigo se vuelven unos arrogantes. Cada cosa que hacen da más asco que la anterior.

El anuncio del despido de Luis ya había sido publicado en el boletín de la empresa. No dieron detalles específicos, lo que dejaba claro que el Grupo Jara estaba encubriendo los verdaderos motivos. Con su nombre manchado de esta manera, a Luis le sería casi imposible volver a encontrar trabajo en el mundo del diseño. Su carrera profesional había llegado a su fin absoluto.

Sea como fuera, Raquel era empleada del estudio de Rafaela. Cuando intentó contactarla, se enteró de que estaba en el hospital. Al recibir la noticia, Rafaela ni siquiera se maquilló; se puso unos zapatos cómodos y Liberto la llevó de inmediato en el auto.

Al llegar al hospital, encontraron a Raquel siendo examinada por el doctor.

—No es nada grave. Solo la dejaremos en observación un día más y podrá irse —explicó el médico.

—Gracias, doctor.

—Rafaela, qué sorpresa que hayas venido —dijo Raquel, desviando la mirada hacia el hombre que estaba detrás de ella. Instintivamente agachó la cabeza, sintiéndose intimidada. Rafaela, al notar la tensión en el ambiente, se acercó y dejó las flores y algunos pasteles en la mesita de noche.

—¿Estás enferma? ¿Es grave?

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