Incluso si Sofía hubiera hecho una reaparición espectacular, su opinión sobre esa mujer no cambiaría.
Él solo tenía un objetivo: proteger a Isa, estar a su lado y brindarle el mayor apoyo y ayuda posibles.
Por lo tanto, poniéndose del lado de Isabel, atacó ferozmente a Sofía por ella.
—¡Sofía es una rompehogares profesional! Le encanta robar los hombres de otras.
—Cuando nos cruzamos con ella en Rosarito, Leandro se lo dijo muy claro... que ya no la amaba, que no la quería más.
—¡Pero esa mujer es más calculadora que nadie, las cosas que ha hecho son simplemente increíbles!
Aunque no entró en detalles sobre el resto de las cosas, le dejó muy claro a Lucía que si se ponía a investigar, seguramente se quedaría con la boca abierta.
Ya de por sí no tenía una buena actitud hacia Sofía.
Con Javier hablando así, a Lucía ya ni le interesó saber qué clase de hombre se había conseguido.
Si era una rompehogares habitual, ningún buen hombre la querría.
Incluso si su belleza lograba atraer a algún hombre poderoso, no pasaría de ser solo la amante.
Pensando de esa manera, Lucía sintió que todo encajaba de repente. —Con razón lleva guardaespaldas cuando va al centro comercial o cuando sale a pasear. Su hombre seguro es el esposo de otra y no tiene tiempo para ella.
Javier se rio con desprecio. —Y si tuviera tiempo tampoco se atrevería a sacarla en público. ¡Si la esposa legítima los descubre, la mata a golpes!
—Sí, tiene sentido. —Lucía volvió a comer, ya más tranquila.
¡Por fin había cortado el problema de raíz!
Isabel suspiró aliviada.
Mientras menos personas supieran que Sofía había logrado enamorar a Lorenzo, mejor.
Especialmente su futura cuñada, Lucía. Si ella descubría la verdad hoy, vería con sus propios ojos cómo Sofía escalaba socialmente, lo que pondría una presión silenciosa sobre ella y Leandro.
El estatus de la familia de Lorenzo era superior al de Leandro, y al ser más joven, prácticamente significaba que... él era mucho más capaz que Leandro.
Si Sofía ya no amaba a Leandro, era porque había encontrado a alguien mejor.
Desde la perspectiva de Leandro, esto significaría que se había quedado corto.
Javier no volvió a mencionar a Sofía y Lucía ya se había calmado.
Isabel cambió de tema.
—Javier, ¿en qué has estado ocupado últimamente?
La mano de Javier, que sostenía el tenedor con la carne, se detuvo. Levantó la vista y la miró profundamente a los ojos. —¡Citas a ciegas!
Isabel: —¿¡Ah!?
Soltó una risita. —¿Tus padres están organizando un matrimonio arreglado?
—Sí. —Javier clavó un trozo de carne y se lo metió a la boca.
—¿Y ya decidiste algo? ¿Con la hija de qué familia?
—Aún no —respondió—. No me gusta ninguna.
Isabel se inclinó y abrazó a Lucía, riendo mientras intentaba jugar a ser Cupido para Javier. —¡Cásate con mi cuñada! Hacen muy buena pareja.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...