“No regañes a la tía.”
Valen cubrió la boca de su madre con sus manitas.
“¡Ella te hizo esto! Me duele en el alma verte así”, sollozó Viviana.
Valen estaba a punto de llorar, haciendo pucheros.
“Pero la tía también sufre mucho. Ella me dijo... que estaba muy triste... que si no estuviera triste, no me habría pegado. Ugh...”
Viviana la abrazó fuertemente. “Mi pobre niña... todo es culpa mía, dejé que pasaras por este infierno.”
*Ugh, ugh...*
Era una escena difícil de soportar.
Leandro soltó un suspiro.
“Viviana, si me permites darte un consejo, en este momento deberías concentrarte en recuperar la custodia de tu hijo Huguito. Asegúrate de tener a tus dos hijos contigo; lo de Isabel puede resolverse después.”
Viviana dejó de llorar de golpe.
“Estás de parte de Isabel, sé muy bien lo que estás tramando.”
Leandro respondió con calma: “Si desconfías de mí, no voy a defenderme. Hablemos de negocios. Adán tiene la custodia de tu hijo, ¿crees que te dejará llevártelo así de fácil?”
Al momento del divorcio, como Huguito era niño, la familia Molina se aseguró de retenerlo.
Adán consiguió la custodia, pero en lugar de cuidarlo, se lo dejó encargado a Isabel.
Le importaba aferrarse al niño, pero no se hacía responsable de él, prefiriendo pasar el tiempo pavoneándose con Yanina Solis.
Esa era la clase de hombre que era Adán.
Luchar contra él no era una tarea fácil para cualquiera.
Viviana bajó la mirada.
“¿Quieres que hagamos un trato?”
“No es exactamente un trato. Yo tengo mis propios motivos, pero debes entender una cosa: entre llegar a un acuerdo para no denunciar a Isabel y asegurar la custodia total de tu hijo, lo segundo es mucho más beneficioso para ti.”
Viviana pareció relajar sus defensas.
“Entonces, te encargo que medies en esto. Si Adán me exige dinero para dejar ir al niño, mi límite son un millón.”
“De acuerdo.”
Leandro tomó a Valen y la acomodó en su brazo como si fuera un nidito.
Había varios hombres listos para ayudar a cargar las cosas.
Benito llevaba la mochila del cachorro. Los tres hombres que acompañaban a Viviana llevaban los demás paquetes: uno con el vestido, otro con la caja de la corona y el tercero con la canasta de frutas para la niña.

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