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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 708

Cuando llegaron al salón principal del primer piso y vieron a Isabel Molina, se llevaron una grata sorpresa.

La sección VIP donde estaba sentada Isabel tenía dos filas de sillones con capacidad para cuatro personas cada uno.

Ella estaba sentada justo en el centro.

Las chicas de la alta sociedad que estaban a su lado la rodeaban con atención, mientras que los jóvenes ricos y apuestos de la fila de enfrente la miraban con total devoción.

La Señora Molina se acercó y saludó primero a la que ya conocía: Clara Salinas.

—¡Vaya! ¿Si es... la primogénita de los Salinas?

—¡Hola, señora! —Clara se levantó para devolver el saludo—. ¡Buenas noches, señor!

La Señora Molina tomó las manos de Clara con efusividad. —Me contó Isabel que te gusta mucho la comida de nuestra tierra. Estás invitadísima a nuestra casa cuando quieras.

—Muchas gracias, es usted muy amable...

Los jóvenes aristócratas de la fila de enfrente se pusieron de pie de inmediato.

Tres de ellos, con sus copas de vino en mano, se excusaron diciendo que tenían que atender otros asuntos, y dejaron libres sus asientos.

Leandro Corona invitó a sus suegros a sentarse.

La Señora Molina echó un vistazo hacia el escenario.

—Clara, ¿esa pianista es tu hermana Lilia Salinas?

—Así es —Clara pasó un brazo por los hombros de Isabel y la presentó con cariño—. Ella también es muy amiga de Isabel. Las tres nos llevamos de maravilla.

Eso era increíble...

Que Isabel lograra trabar amistad con la arrogante primogénita de los Salinas ya era un gran logro.

Y ahora, hasta la princesita de los Salinas también era parte de su círculo.

Las dos herederas de la prestigiosa familia Salinas giraban en torno a Isabel.

Los contactos sociales de su hija realmente eran...

—Clara, es un gran honor para mi hija tener amistades como ustedes —dijo la Señora Molina, emocionada.

Clara sonrió. —No sea modesta, señora. Debería decir que el honor es mío por ser amiga de una mujer tan astuta, inteligente y encantadora como Isabel.

—Ay, no... no diga eso, nos halaga demasiado.

—No, no, no, es la pura verdad.

Clara pellizcó suavemente la mejilla de Isabel. —Con esa mente brillante que tiene, nos está ayudando a mi hermana y a mí a resolver un gran problema.

¿Mente brillante?

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