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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 155

30 DÍAS… CAPÍTULO 31. Un estanque de tiburones

Allison sonrió mientras veía a Angel alejarse tratando de defender frente a su padre lo que sabía que era indefendible: el secuestro. Pero a diferencia de la broma de Angel, no, no era traición dejarlo ir, era simplemente que necesitaba un pequeño momento de descanso en medio de aquel caos que estaba viviendo.

Terminó refugiándose en una sala con una taza de café, pero Alejandra apareció poco después y se sentó frente a ella, acomodando las piernas bajo el cuerpo. Por primera vez desde que se habían conocido en persona, permanecieron varios segundos en silencio, como si supieran que lo primero era respirar, luego podía venir el chisme.

—¿Cómo estás? —preguntó finalmente Alejandra y Allison levantó los ojos. El tono era diferente. No había bromas.

—Bien… al menos eso creo. Supongo que estoy… acostumbrándome a la idea.

—¿A cuál de todas? Porque últimamente tienes muchas para elegir —suspiró su “cuñadita” y eso consiguió arrancarle una sonrisa.

—A todas, supongo. A Angel. A la investigación. A descubrir que el chofer pobre que me secuestró tiene un avión privado. A estar sentada en la mansión de su familia mientras una botella sospechosa va camino de un laboratorio.

—Visto así, han sido unas semanas movidas —bufó Alejandra.

—Y eso que no te he contado de la tormenta, el apagón, lo que pesa tu hermano desmayado y sobre todo: ¡acostarte a dormir en tu cama y luego despertar esposada a una silla por ese hombre!

Alejandra estuvo a punto de escupir su café de risa, pero ni siquiera se molestó en disimular su curiosidad.

—Hay algo que todavía no entiendo.

—¿Qué?

—¿Cómo sobrevivió mi hermano a secuestrarte?

Allison soltó una carcajada.

—¿Tu hermano?

—Quiero decir… con alguien como tú, que estás acostumbrada a cortar cabezas antes de tus juntas de la mañana —carraspeó Alejandra.

—Bueno… es que Ángel es como las almejas —suspiró Allison con dramatismo—. Duro por fuera y blandito por dentro.

—Voy a guardar esa frase para destruirlo emocionalmente más tarde —rio Alejandra.

—Hazlo —le dio permiso Allison, acomodándose mejor en el sillón—. Debiste verle la cara cuando intentó explicarme las condiciones del secuestro. Trabajo, cocina, horarios, baño... Todo muy organizado. Entonces le pregunté cuántas veces a la semana tendríamos sexo.

Alejandra abrió los ojos.

—Noooo.

—Síííííííí….

—¿Qué hizo?

—Casi se atraganta. Me dijo que ninguna. ¡Nada de sexo! ¡Niente!

—¡No puede ser! —Alejandra comenzó a carcajearse.

—Y yo me puse a llorar —concluyó Allison.

—¿Lloraste?

—¡Como para quitarle el Oscar a Meryl Strep! Le dije que podía soportar el trabajo no remunerado, cocinar, limpiar y estar encerrada, pero que secuestrada y sin sexo no tenía ninguna gracia.

Alejandra ya reía sin ningún intento por contenerse, pero en el fondo estaba demasiado feliz de que su hermano por fin hubiera encontrado a una mujer que le recordara lo que era la vergüenza.

—Ahora entiendo muchas cosas —aseguró.

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