30 DÍAS. CAPÍTULO 32. Tras la puerta
Durante algunos segundos, Alejandra se quedó paralizada, con una mezcla que iba desde la admiración hasta la incredulidad, pasando por todos los niveles de “un día quiero ser como tú”. Sabía que Allison había salido de un orfanato, y se decía que era una empresaria feroz. Pero lo que no se decía era aun más peligroso, porque nadie sabía de verdad qué había tenido que hacer para sobrevivir, para navegar entre traiciones corporativas y hacerse millonaria.
No importaba lo frágil que aquella mujer se viera por fuera, se había acostumbrado a lidiar con las traiciones como si fuera la cuarta comida del día. Así que finalmente soltó una carcajada.
—¡Diablos! ¡Ahora entiendo por qué mi hermano está perdiendo la cabeza por ti!
—Y hablando del rey de Roma, mejor voy a buscarlo antes de que tu padre me lo entregue esta noche incapaz de cumplir con su trabajo. ¡Mira que no me gusta solo por su cara bonita!
—¡Ya me lo estoy imaginando! —exclamó Alejandra.
—¿En serio?
—Me bañé ese infeliz hasta los cinco años, no hay nada que no sepa sobre él.
Allison sonrió sinceramente y se despidió sin muchas ceremonias. La propiedad era tan grande que todavía no terminaba de orientarse bien. Cruzó un corredor acristalado, pasó junto a una terraza interior y siguió las indicaciones que Angel le había dado al llegar, hasta que encontró el gimnasio al otro extremo de la mansión.
La puerta estaba entreabierta y Allison levantó una mano para empujarla… pero entonces escuchó una carcajada desde dentro y algo la hizo quedarse quieta.
Su primer impulso fue entrar, pero quizás el cuerpo tenía memoria y algo en ella se detuvo. La escena le recordó de golpe aquella noche en la oficina de Oliver. Otra puerta entreabierta, otra conversación que no debía escuchar, otra mano suspendida antes de entrar. No iba a fingir que era la chica con suficiente confianza como para no escuchar detrás de la puerta. Ya no, el trauma a veces avisaba antes.
Así que Allison bajó lentamente el brazo y miró alrededor. Había una banca junto a la pared exterior. Se sentó allí y apoyó la espalda, sin intención de esconderse, simplemente esperando a que terminaran.
Dentro, Ángel y Darío seguían entrenando. Por el sonido de los golpes y las respiraciones, debían estar haciendo una pelea de práctica, pero era evidente quién estaba ganando.
—¡Te estás volviendo lento! —se burló Darío.
—¡No jodas, papá! ¡Estoy con antibióticos! ¡Hace tres días tenía cuarenta de fiebre!
—¡Y aun así sigues teniendo peor defensa que cuando tenías dieciocho!
Ángel rio mientras se escuchaba otro golpe seco.
—¡Animal! ¡Eso dolió!
—¡Animal no, Diablo! ¡Que no se te olvide que todavía soy “el Diablo” Rivera, así que bloquea mejor!
Angel resopló con impaciencia y trató de conectar un golpe. Normalmente solía ser mejor. no tan bueno como su padre porque… ¡pues nadie era tan bueno como su padre! Pero no era tan estúpido como para pensar que la enfermedad no le había pasado factura.
—Empiezo a pensar que mamá te mandó a terminar el trabajo de la infección —murmuró y Darío soltó una carcajada.
Durante unos minutos continuaron bromeando, intercambiando golpes y comentarios. Y Allison escuchaba sin prestar demasiada atención al contenido hasta que el tono de Darío cambió.
—¿Cuándo vas a decírselo? —preguntó y Ángel no respondió inmediatamente.
—¿Decirle qué?
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