30 DÍAS… CAPÍTULO 33. Miedos
Del otro lado de la puerta la respiración de Angel parecía pesada.
—Hijo, ese hombre te chantajeó… o quiero decir chantajeó la versión de ti que creyó que podía manipular —murmuró Darío, porque aunque no creía en las justificaciones, también sabía que las cosas no eran siempre en blanco y negro.
—Lo sé, papá, pero yo acepté.
—Para proteger tu tapadera.
—Y después la usé. —Allison abrió los ojos—. Le puse delante los documentos porque necesitaba una contadora forense —siguió Ángel—. Sabía perfectamente lo buena que era. Sabía que podía encontrar cosas que nosotros llevábamos meses sin poder demostrar. La metí en una investigación que no era suya porque me convenía.
Darío tardó un momento en responder.
—¿Y crees que ella te odiará por eso?
—Probablemente. Yo odiaría a medio mundo si supiera que alguien me hizo investigar a una persona a la que quiero para destruirla —respondió Angel.
—¿Y solo por eso? ¿Porque no se lo dijiste… o porque las cosas entre ustedes hace mucho que pasaron la barrera de la “utilización mutua”? —replicó Darío y Allison se restregó la cara, porque iba a tener que empezar a copiarle frases célebres la “suegrito”.
Ángel soltó aire.
—Las dos cosas —admitió—. La verdad es que tiene mil y un motivo para verme como un hijo de…
—¡No ofendas a tu madre!
—Lo siento, tiene mil motivos para verme como el malo de la historia —suspiró él con resignación—. Y no quisiera que olvidara todas las partes buenas que no tuvieron nada de mentira.
—Bueno, pues la chica es espabilada, pero no adivina. Deberías hablar con ella cuanto antes y decirle qué partes han sido reales antes de que ella tenga que empezar a preguntárselo —sentenció Darío.
—No es tan fácil. ¿Y si decide que ya no quiere saber nada de mí cuando lo sepa?
—Entonces vives con las consecuencias, pero tienes que darle la oportunidad de decidir —aseguró su padre—. Si se queda, será porque eligió quedarse sabiendo quién eres y qué hiciste. Si se va, al menos no la habrás retenido con una mentira.
Ángel dejó escapar una respiración pesada.
—No me gusta ninguna de las dos opciones.
—Eso es porque quieres una tercera en la que ella nunca se entere y todo salga bien.
—Suena mejor.
—También suena estúpido y yo te crie mejor que eso.
Ángel no respondió, y Allison se quedó un rato más sentada afuera, con las manos entrelazadas sobre las rodillas. No estaba devastada, tampoco sorprendida. En realidad, lo que más la inquietaba era darse cuenta de que una parte de Angel parecía sinceramente aterrada de perderla cuando descubriera la verdad.
—Gracias por el apoyo viejo —lo escuchó decir.
—Para eso están los padres. Ahora levanta las manos… —y de repente se oyó otro golpe —. Eso es para recordarte que tu guardia sigue siendo una m****a.
—¡Viejo tramposo!


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