30 DÍAS... CAPÍTULO 42. Mejor secuestrada que rescatada
Allison empezó a llorar fuerte. ¡Muy fuerte! Tan fuerte que estaba segura de que Oliver podía escucharla desde la sala. Se sentó en el borde de la bañera y siguió sollozando hasta que casi se cansó de sí misma.
—Qué espectáculo —murmuró entre lágrimas falsas, pero no podía seguir así toda la noche, asó que dejó pasar media hora de drama y luego se duchó de verdad.
Necesitaba quitarse el polvo, el hollín y la suciedad, aunque mantuvo algunos rasguños visibles.
Cuando salió, llevaba un pijama largo de Oliver, no le quedaba demasiado grande, así que eso hacía demasiado fácil la comparación con… bueno… ya saben… el conejito.
Cuando llegó a la sala Oliver estaba esperándola, y se levantó inmediatamente.
—¿Estás mejor? —preguntó y Allison negó con fuerza.
—No…
Él se acercó como si no supiera por dónde agarrarla y luego puso una mano en su espalda alta para empujarla
—Ven. Siéntate un momento.
La condujo hasta el sofá; y Allison se sentó pero mantuvo las manos juntas sobre las rodillas, como si fuera una señal de obediencia aprendida a golpes.
Oliver se arrodilló frente a ella con una expresión que hubiera derrumbado un corazón de piedra… si Allison no hubiera sabido que él era el causante de todo.
—Amor, por favor, cuéntame qué pasó —le pidió él y la vio bajar la mirada.
—No sé. Me dormí en mi cama y cuando desperté… de repente estaba amarrada a una silla en aquel almacén abandonado…
—¿Quiénes eran?
—No lo sé… —empezó a sollozar ella de nuevo.
“¡Joder, a este paso me voy a deshidratar y este idiota no me ofrece ni agua!”, pensó mientras ocultaba el rostro detrás de las manos deliberadamente, para dejarlo ver sus muñecas marcadas por las cuerdas.
—¿Te hicieron daño? —preguntó Oliver juntando las cejas y Allison asintió desesperadamente, pero tardó en responder con palabras, como si le costara demasiado.
—Me encerraron… me golpearon, me tomaron fotos… ¡dijeron que tú nunca me ibas a encontrar!
Oliver apretó los labios.
—¿Te dijeron algo más? ¿Qué querían?
Allison levantó la mirada lentamente.
—Dinero, por supuesto. El hombre que a veces me daba pan duro, dijo que sabía que eras mi prometido y que quería dinero… ¿Cuánto te pidieron?
Oliver parpadeó entonces y su rostro perdió color. Allison lo vio aunque fue apenas un segundo, pero para ella fue más que suficiente: Oliver no había tenido tiempo de construir una narrativa que le permitiera explicar por qué no la había encontrado o siquiera buscado en todo ese tiempo.
—¿Qué?... —balbuceó aturdido.
—De rescate, Oliver. Dijeron que iban a pedirte rescate. ¿Cuánto te pidieron por mi vida? ¿Por qué no lo pagaste antes…?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS