30 DÍAS… CAPÍTULO 43. Un plan en marcha
Oliver la acompañó hasta su habitación con una delicadeza que, en otras circunstancias, Allison habría agradecido. Aquella noche, sin embargo, cada gesto amable le resultaba irritante.
Él abrió la puerta, encendió una lámpara junto a la cama y apartó las sábanas.
—Intenta descansar —la invitó, pero Allison se quedó de pie en medio del cuarto, abrazándose a sí misma.
Mantuvo la respiración corta y la mirada baja, exactamente como esperaba que reaccionara una mujer que acababa de escapar de un secuestro. Oliver se acercó y le acarició el cabello.
—Ya estás en casa.
Allison cerró los ojos.
—Sí…
—Nada va a pasar.
Ella asintió, pero cuando Oliver empezó a quitarse la chaqueta y caminó hacia el otro lado de la cama, Allison levantó la cabeza de golpe.
—¿Qué haces?
Él se detuvo.
—Voy a quedarme contigo.
El rostro de Allison se descompuso inmediatamente, retrocediendo.
—No… no, no no…
—¿Qué? —Oliver frunció el ceño.
—No puedo… no puedes… no puedes quedarte aquí.
—Allison...
—¡No puedo dormir contigo! —La voz se le quebró y las lágrimas comenzaron a aparecer con una facilidad que empezaba a preocuparla.
Si aquello seguía así, después de terminar con Oliver quizá debía plantearse una carrera secundaria como actriz.
—¿Por qué?
Allison bajó los ojos y se apretó el pijama alrededor del cuerpo como si quisiera cubrirlo por completo.
—Me da vergüenza.
Oliver permaneció inmóvil.
—Amor, no tienes nada de qué avergonzarte.
—Sí tengo.
—No.
—¡Oliver, por favor! —Ella comenzó a llorar otra vez—. No quiero que me mires. No quiero que me toques. No porque seas tú... —añadió rápidamente—. Solo... no puedo ahora.
La expresión de él se suavizó, como si comprenderla fuera exactamente lo que Allison necesitaba.
—Quiero dormir en otro cuarto —pidió ella.
—Entiendo, pero no tienes que irte… podríamos solo…
—¡Por favor! —Allison se cubrió el rostro—. Un cuarto de invitados. Algo donde pueda estar sola.
Oliver tardó unos segundos en aceptar, pero finalmente asintió. Se comportó como el perfecto caballero y el novio comprensivo y atento que fingía tan bien que era, y la condujo hasta una habitación al final del pasillo. Era más pequeña que la principal, aunque seguía siendo perfectamente cómoda.
Allison entró y se quedó junto a la cama.
—¿Puedes dejar una luz encendida? —pidió con su voz más vulnerable.
—Claro.
Oliver encendió la lámpara de noche y ella respiró hondo.
—Y... lo siento —añadió Allison con las manos temblorosas.
—¿Por qué? —preguntó Oliver y ella señaló la puerta.
—Porque tengo que cerrarla por dentro… con seguro. Desde que me sacaron de mi casa dormida… no me siento segura con las puertas abiertas.
Él se acercó lentamente y avarició su mejilla. Trababa de no parecer satisfecho, y se notaba que estaba tratando mucho, pero el cabrón no lo lograba del todo.
—Entiendo.
—No quiero que pienses... —intentó justificarse Allison. Las justificaciones siempre hacían ver a cualquier persona más débil de lo que era.
—No pienso nada. —Le acarició el hombro y Allison tuvo que hacer un esfuerzo considerable para no apartarse—. Estás aterrorizada —dijo él—. Es normal con todo lo que te ha pasado.

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