30 DÍAS… CAPÍTULO 49. Una presión peligrosa.
—Le dejamos un rastro que seguir, uno que no lo haga preocuparse por el secuestrador que “contrató” —respondió Angel echándose hacia atrás y tirando de Allison para que descansara sobre su pecho—. Mi hermanan fue “dada de alta voluntaria y urgente” en el hospital, el departamento que ocupaba como fachada tiene signos de salida rápida y hay copias de recibos de boletos hacia Canadá en la madrugada que supuestamente escapaste.
—Así que si Oliver investigó, o investiga… lo que parecerá es que tú también escapaste cuando te diste cuenta de que tu víctima se había liberado.
—Exacto —respondió Angel.
—¿Te he dicho ya que tu inteligencia es capaz de mojarme las bragas? —sonrió Allie y Angel le dio la vuelta para quedar sobre ella.
—Ahora mismo no traes ninguna, pero ¿me dejas comprobar?
Y sí, era una insinuación muy coqueta, lo suficiente como para que ella volviera a jadear bajito debajo de él el resto de la noche.
Cuando Angel abandonó el departamento aquella madrugada, se marchó bastante más preocupado de lo que había llegado. Y cuando Allison despertó a la mañana siguiente, descubrió que tenía otro problema: caminar.
Puso los pies en el suelo, intentó levantarse y tuvo que agarrarse del borde de la cama.
—¡Joder, ahora sí se pasó! —Se quedó quieta unos segundos y después comenzó a reírse sola—. Bueno… supongo que he sido bambinizada… como diría mi suegrita.
Consiguió llegar hasta el baño con una dignidad cuestionable y, para cuando terminó de arreglarse, había recuperado suficiente movilidad para continuar con el plan. Aunque definitivamente aquella “debilidad” contribuiría mucho a su actuación.
De momento tenía que enfocarse en lo importante: copiar las llaves.
Había practicado durante la madrugada con las herramientas que Ángel le había dejado, y aquella mañana aprovechó cuando escuchó que Oliver se metía a la ducha y se apresuró hacia el recibidor. Apachurró cada llave en la masilla y luego guardó inmediatamente el pequeño paquete.
—Por favor, desayuna algo, estoy demasiado preocupado por ti —le dijo él con cara de abatido—. Volveré al mediodía con tu comida favorita, te lo prometo.
—Está bien —asintió Allison débilmente y Oliver se marchó.
Ella esperó diez minutos antes de levantarse, pasó el seguro a su pueta y abrió el resto del paquete que Angel había traído sobre el tocador.
—Debí ser espía en mi otra vida, esto se me da fantástico —se animó a sí misma mientras vertía la resina en las pequeñas muescas de la masilla. Reflector UV, más resina, más reflector… Y solo se levantó de allí cuando escuchó de nuevo la puerta.
Oliver regresó para almorzar y ella se apresuró a sentarse en el sofá, con las piernas cubiertas por una manta en modo víctima.
Pero él no solo traía comida sino también una carpeta bajo el brazo y la atención de Allison se concentró inmediatamente en ella. Ahí estaba: el poder extendido, tenía que ser eso.
Oliver dejó la comida sobre la mesa de la cocina y después se sentó frente a ella y colocó la carpeta en sus manos.
—Quiero enseñarte algo —dijo y Allison bajó la mirada con aparente desinterés.
—¿Qué?
—He estado pensando mucho… —Oliver abrió la carpeta y Allison esperaba documentos legales; pero en cambio, encontró fotografías de flores.
Parpadeó confundida. Había muestras de decoración, contratos de servicios, fotografías de un salón, propuestas para el banquete y varias páginas relacionadas con la ceremonia.
Allison levantó lentamente la cabeza.
—¿Qué es esto?
—Nuestra boda —sonrió él y ella se quedó inmóvil.
—Oliver...
—He adelantado todo.
—¿Adelantado cuánto? —Allison miró otra vez los documentos y él tomó su mano.
—Nos casaremos en tres días.
Y por primera vez desde que había regresado, Allison no tuvo que fingir sorpresa.
—¿Tres días?

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