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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 175

30 DÍAS… CAPÍTULO 51. Un poder temporal

Oliver regresó al departamento bastante más tarde de lo habitual, pero apenas salió del ascensor, se detuvo: Había comida tirada frente a la puerta.

Una bolsa de papel estaba volcada en el pasillo, con varios recipientes esparcidos por el suelo y parte del contenido derramado sobre la alfombra. Oliver frunció el ceño, miró alrededor y abrió rápidamente la puerta.

—¿Allison?

Escuchó el llanto antes de verla. Cerró y avanzó hacia la sala. Allison estaba sentada en el suelo, acurrucada contra un extremo del sofá, con las piernas pegadas al pecho y las manos cubriéndole el rostro.

—¡Allison!

Ella levantó la cabeza y retrocedió de inmediato.

—¡No!

—Soy yo. —Oliver se detuvo como si supiera que ella necesitaba espacio—. Soy yo, cariño. ¿Qué pasó?

Allison respiraba agitadamente. Tenía los ojos enrojecidos y las mejillas empapadas.

—¡Vinieron…!

—¿Quiénes?

—¡No sé!

Oliver se acercó lentamente.

—Explícame qué ocurrió.

—¡Alguien trajo comida… tocaron a la puerta… tocaron mucho!

—¿Comida? —preguntó él sin comprender.

—¡Yo no pedí nada! —Allison negó frenéticamente—. Sonó el timbre y había alguien afuera diciendo que traía comida, pero yo no pedí nada. ¡No pedí nada!

—Está bien.

—¡No está bien! —Se levantó de golpe y empezó a caminar por la sala—. ¿Cómo sabían que estaba aquí? ¿Cómo sabían dónde encontrarme? ¡Me están vigilando!

—Allison...

—¡Regresaron!

Oliver la sujetó por los hombros.

—Nadie regresó. Quizás solo fue alguien que se equivocó de puerta…

—¡Sí! ¡Quieren secuestrarme otra vez! —Ella comenzó a llorar con tal desesperación que Oliver la abrazó. Allison enterró el rostro contra su pecho, ¡perfecto! así no tenía que verle la cara satisfacción—. No quiero salir —sollozó—. ¡No quiero volver a salir nunca!

—No tienes que hacerlo ahora.

—¡Nunca!

Oliver le acarició la espalda con un gesto calculado.

—No digas eso, solo estás asustada.

—¡Claro que estoy asustada!

—Lo sé, pero aquí nadie puede hacerte daño, pero no puedes decir que te encerrarás, al menos tienes que ir a tu oficina a poner tus asuntos en orden antes de la boda.

Allison permaneció aferrada a él durante varios minutos, y cuando finalmente levantó el rostro, parecía exhausta.

—No quiero ir… No… ¡No puedo volver! —exclamó ella—. ¡No puedo sentarme allí fingiendo que todo está bien! No puedo ocuparme de reuniones ni de empleados ni de contratos.

La expresión de Oliver cambió, muy poco, pero Allison lo notó.

—No tienes que hacerlo inmediatamente, pero…

—¡Dijiste que me ayudarías! —le reclamó Allison como si él lo hubiera olvidado.

Se cubrió el rostro otra vez y dejó que Oliver la llevara al sofá.

—Escúchame. Te prometí que me ocuparía de todo.

Allison lo miró entre lágrimas.

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