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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 184

30 DÍAS… CAPÍTULO 60. Descubrimientos peligrosos

Contrario a lo que pudiera parecer por sus interrogatorios agresivos, Ferguson no era la clase de detective que se tomaba las cosas demasiado personales como para enojarse porque los abogados intentaran sacar a sus clientes. Por el contrario, era la clase de policía que analizaba cada hecho con la cabeza fría y lo primero que había notado era que un hombre que podía pagar abogados de tres o cuatro mil dólares la hora no necesitaba amenazar a nadie con una pistola para destruirlo.

La falta de evidencias contra Angel Rivera era crítica. La infidelidad de Allison Hayes era obvia pero no penalizada por la ley porque seguía siendo una mujer soltera. Ahora… lo que pudiera haber en la caja fuerte de Oliver Crewman que lo ponía tan nervioso… esa era una historia que podía ser más jugos de lo que imaginaban, y con tantos años en el departamento de policía, Ferguson era capaz de oler una investigación jugosa como un tiburón podía oler la sangre.

—No podemos retener a Rivera con esto —admitió alejándose con Morgan para ponerse de acuerdo.

—No. Parece que Crewman está intentando sacarlo del camino —lo apoyó ella.

—Prometida infiel, amante en casa y boda dentro de tres días —suspiró Ferguson—. He visto gente hacer cosas bastante peores por menos.

Morgan cerró la carpeta que llevaba y la golpeó contra su palma.

—Entonces liberamos a los señores “pecado carnal” —accedió—. ¿Y qué hacemos con Rodolfo el Reno?

Ferguson miró hacia la sala con un gesto que era mitad compasión y mitad burla.

—Lo dejaremos aquí por las próximas cuarenta y ocho horas, el contenido de su caja fuerte es más que suficiente. Esperemos que los cuernos le quepan en una celda de tres por tres metros —masculló—. Aunque presiento que no se lo va a tomar bien.

Y en eso tenía razón, porque Oliver recibió la noticia de que Ángel había salido con una explosión de rabia.

—¡¿Cómo que lo dejaron ir?!

—No había causa suficiente para mantenerlo detenido —respondió el detective.

—¡Entró en mi casa!

—Eso está bajo investigación.

—¡Pero a él lo dejan libre y a mí me mantienen aquí! —vociferó con el rostro desencajado.

—De momento es necesario. Todavía estamos procesando evidencia. La que encontramos en su despacho.

Por un segundo el rostro de Oliver alcanzó una palidez casi mortal, y Ferguson se dio cuenta antes de que tuviera tiempo de recomponerse.

Oliver se levantó, echando la silla a un lado y paseando como si fuera un animal enjaulado en aquella sala de interrogatorios.

—¡No pueden retenerme indefinidamente! ¡Quiero a mi abogado!

—Nadie se lo ha negado.

Oliver volvió a sentarse, furioso, pero aunque contrató a un abogado de inmediato, este no pudo hacer nada para contrarrestar la retención por revisión de pruebas.

Las horas empezaron a pasar, el día se fue entre maldiciones suyas y luego pasó otra noche. En la mañana del segundo día, Ferguson estaba revisando informes cuando Morgan entró casi corriendo.

—¡Detective, tenemos algo!

Ferguson levantó la cabeza y dejó todo lo que estaba haciendo.

—¿Qué?

—Los federales nos dieron cadena de custodia, pero ya estaban revisando parte del material incautado así que… nos pegamos. Menos trabajo para nosotros, mismos resultados —Morgan le hizo un guiño descarado.

—¡Qué ventajista eres! ¡Me gusta! ¿Y entonces?

Ella dejó varias fotografías sobre el escritorio.

—Había cosas dentro de la caja fuerte que parecen bastante serias.

Ferguson tomó la primera imagen. Discos duros. Un teléfono desechable. Carpetas de documentos.

— El FBI entró porque encontraron referencias a comercio interestatal, movimientos internacionales y productos distribuidos bajo un reetiquetado sospechoso.

Ferguson pasó otra fotografía.

—¿Y el teléfono?

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