30 DÍAS… CAPÍTULO 61. Una distancia necesaria
Allison llegó a su departamento con la sensación de que habían pasado semanas desde la última vez que había estado allí. Quizá porque, en cierto modo, así era. No importaba cuánto tiempo hubiera transcurrido realmente; la mujer que había salido de aquel lugar con una boda organizada, un prometido y una vida aparentemente bajo control ya no era la misma que regresaba ahora.
Sloan abrió la puerta y Allison apenas alcanzó a mirarlo antes de descubrir que su departamento estaba lleno. Los Rivera estaban allí, y ni siquiera se molestó en preguntar cómo habían entrado.
—¡Cuñadita!
Alejandra fue la primera en llegar hasta ella y la abrazó con tanta fuerza que Allison soltó el aire de golpe.
—Ale...
—No digas nada —ordenó ella, apretándola todavía más—. Déjame comprobar que estás entera.
Allison soltó una pequeña risa, pero apenas tuvo tiempo de corresponder al abrazo porque Sammy apareció inmediatamente después.
—Ahora me toca a mí.
—¿También necesitas comprobar que estoy entera?
—Yo necesito comprobar que todavía no estás lo suficientemente traumada como para tomar decisiones impulsivas. Todo esto es muy raro y yo quiero ser abuela algún día…
Las dos la rodearon con los brazos y Allison cerró los ojos por un instante. Después de todo lo ocurrido, aquel recibimiento era tan inesperadamente cálido que no supo qué hacer con él. Así que Darío solucionó el problema acercándose a ellas y envolviendo a las tres en un abrazo enorme.
—¡Papá, nos estás aplastando! —protestó Alejandra.
—Después de los últimos días, tengo derecho.
—No funciona así…
—En esta familia funciona exactamente así. ¡Y no rezongues, que te quito el Lamborghini!
—¡Sí, señor!
Allison terminó riéndose entre los brazos de los Rivera. Sin embargo, cuando Darío finalmente las soltó, recorrió la sala con la mirada y su sonrisa desapareció poco a poco.
Ángel no estaba y la inquietud llegó de inmediato.
—¿Dónde está?
Sloan, que había permanecido cerca de la puerta, respondió antes que los demás.
—Está bien. Sigue resolviendo algunas cosas relacionadas con lo ocurrido, pero el Licenciado Lieberman está con él y lo traerá en poco tiempo.
Allison intentó que no se notara cuánto la tranquilizaban esas palabras.
—No tienes que preocuparte —aseguró Sloan—. El despacho está metido en esto de cabeza, no vamos a dejar que nada le pase.
Alejandra miró al abogado y sonrió tratando de disimular la coquetería con tanto esfuerzo que hasta Allison se dio cuenta.
—Gracias, primo postizo —murmuró, pero Sloan la observó con una seriedad que contrastaba completamente con su sonrisa.
—Para eso estamos, Alejandra, para ayudar.
—¡Vaya entusiasmo! No nos vemos hace meses y ese es tu saludo, como si no fuéramos familia —rezongó ella casi para sí misma y el abogado carraspeó, desviando la mirada.
—¡Claro, cierto…! Le daré tus saludos a mis padres.

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