30 DÍAS… CAPÍTULO 62. Una niña desesperada
Allison miró alrededor antes de dejar el bolso sobre el sofá.
Su departamento seguía exactamente igual. Los muebles estaban en su sitio, los cuadros seguían perfectamente alineados… la que estaba completamente desalineada era ella.
Caminó hasta el dormitorio, se quitó los zapatos y se dejó caer sobre la cama. Necesitaba dormir, pero apenas cerró los ojos, Ángel apareció en su cabeza.
—No —se regañó abriendo los ojos.
Se acurrucó de lado y volvió a intentar dormir de nuevo, pero entonces vio a
Ángel esposándola, Ángel cocinando, Ángel herido, Ángel con fiebre, Ángel besándola.
Allison se cubrió la cara con una almohada y gritó.
—¡Joder, esto es ridículo!
La lanzó a un lado y se quedó mirando el techo. Antes de saber quién era Ángel Rivera y cuáles eran sus verdaderas intenciones, ya le resultaba interesante. Ahora que sabía mucho más, el problema era peor, porque lo extrañaba. No al secuestrador. No al competidor. No al hombre infiltrado bajo un nombre falso.
Lo extrañaba a él.
—No puede serrrrrrrrrrr —siseó mientras se incorporaba con lentitud y una idea completamente absurda apareció en su cabeza.
¿Se había enamorado?
Allison soltó una carcajada.
—¡Perfecto! —Se rio otra vez, esta vez con una mano sobre los ojos—. ¡Simplemente perfecto!
Después de pasar años construyendo una vida meticulosamente ordenada, había conseguido enamorarse posiblemente del único hombre capaz de convertirla en un desastre completo.
Durmió muy poco en lo que quedaba de la noche hasta el amanecer y luego un poco de la mañana, pero para el mediodía se fue a su empresa, y entró en su oficina con un café enorme y la expresión de alguien dispuesto a demandar personalmente al primero que le preguntara si estaba cansada.
Stephen levantó la cabeza al verla y se guardó la sorpresa para otro momento.
—¿Cómo estás? —preguntó abrazándola y Allison dejó el bolso sobre su escritorio.
—No tengo una buena respuesta para eso. Y no creo que vaya a tenerla en mucho tiempo. De momento, necesito cancelar la boda.
Stephen la estudió durante unos segundos, pero tuvo suficiente sentido común para no insistir.
—Bien.
—Todo —aclaró ella—. No quiero que quede nada pendiente.
—Allison...
—Salón, catering, flores, música, fotógrafo, decoración. Todo lo que esté contratado, reservado o pagado, quiero cancelarlo —insistió ella, porque entre tantas cosas sobre las que no podía hacer nada, necesitaba sentir que al menos tenía el control sobre algo.
Stephen asintió.
—Yo puedo hacerlo.
—No. Lo haré yo —murmuró Allison, y lo hizo.
Pasó las siguientes horas llamando a proveedores. Escuchó voces incómodas, condolencias que no había pedido y preguntas que respondió con la mínima información posible.
—Sí, la boda queda cancelada.
—No, no habrá nueva fecha.

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