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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 188

30 DÍAS… CAPÍTULO 64. Un lugar destrozado

El primer instinto de Allison fue gritar. El segundo fue defenderse. Alcanzó a levantar una mano, dispuesta a clavarle las uñas en cualquier parte del cuerpo a la que pudiera llegar, cuando percibió un aroma conocido y se quedó completamente inmóvil.

Aquel perfume… podría haberlo reconocido en cualquier lugar; y eso hizo que toda la tensión desapareciera de su cuerpo de golpe.

—Ángel… —murmuró contra la mano que todavía cubría su boca y él la retiró inmediatamente.

Allison se dio la vuelta en la oscuridad y lo abrazó sin pensar. No hubo preguntas, reproches ni siquiera la menor intención de conservar la dignidad que llevaba dos días intentando proteger. Simplemente rodeó su cintura con los brazos y escondió el rostro contra su pecho.

Ángel respondió apretándola con tanta fuerza que casi le quitó el aire.

—Estoy aquí —susurró en su oído y Allison cerró los ojos. Eso era exactamente lo que había necesitado escuchar.

—Idiota.

—También me alegra verte, conejita.

—No tienes idea de cuánto te odio ahora mismo.

—Por la manera en que me estás abrazando, tengo la impresión de que es un odio muy profundo y apasionado.

Allison pensó en torturarlo después, pero en ese momento soltarlo no era una opción.

—¿Dónde estabas? —le reclamó mientras él apoyaba la barbilla sobre su cabeza.

—Siguiendo lo que estaba pasando con Oliver. No podía venir antes. Había demasiadas cosas moviéndose al mismo tiempo y necesitaba saber hasta dónde había llegado la investigación.

—Tienes teléfono —rezongó ella—. Los teléfonos sirven para llamar.

—También para muchas otras cosas —suspiró Angel y ella se apartó lo suficiente para golpearlo en el pecho.

—¿Por qué no me llamaste?

Ángel atrapó su mano aun en la poca luz que llegaba desde el corredor y la estrechó de nuevo.

—Porque pensé que quizá necesitabas espacio después de todo lo que pasó.

Allison sintió que una especie de indignación le ardía en la sangre, pero la incredulidad era más fuerte.

—¿¡Me secuestraste durante semanas y ahora decides respetar mi espacio personal!?

Él soltó una risa baja.

—Cuando lo dices así, admito que parece contradictorio.

—Parece estúpido.

—También, pero hasta mi estupidez es tuya —cedió él y Allison permaneció unos segundos en silencio antes de preguntar:

—Entonces, si decidiste que necesitaba espacio, ¿por qué estás aquí ahora?

Ángel no respondió, solo cerró la puerta tras él y estiró el brazo hacia el interruptor.

La luz se encendió, Allison giró la cabeza y se quedó paralizada.

—¿Qué demonios...?

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