30 DÍAS… CAPÍTULO 66. Tendrás que confiar en mí
Pero Diosito no lo salvó esa noche, y Angel solo logró dormir bien entrada la madrugada, después de que ella le hubiera ordenado cuatro veces al conejito que quería más.
Cuando por fin logró cansarla, la sintió acomodarse contra él y la rodeó con un brazo. Y después de dos noches prácticamente en vela, ella descubrió que podía dormir con sorprendente facilidad escuchando su respiración.
A la mañana siguiente se levantó temprano y Ángel abrió los ojos cuando la vio vestirse.
—¿Qué haces?
—Voy a trabajar.
—Por supuesto —rezongó Angel tapándose la cara con una almohada.
—Me alegra que lo entiendas.
—Eso era sarcasmo.
—Bueno… su mi conejito quiere consentirme, no iré a trabajar —dijo ella y Angel se incorporó de golpe.
—¡No, no! ¡Estoy seguro de que tienes muchos documentos que firmar!... y yo necesito comerme media vaca frita para recuperar masa muscular —carraspeó levantándose y corriendo hacia el baño a una velocidad que hizo sonreír a Allison.
—Cobarde —rio, pero él tenía razón: había mucho trabajo en la empresa y no podía dejárselo todo a Stephen.
Lo que no imaginaba era que ese día iba a tener muchas más sorpresas de las que había previsto, porque no llevaba ni dos horas trabajando cuando escuchó voces elevadas al otro lado de su oficina.
Levantó la cabeza cuando la puerta se abrió y su asistente entró con expresión alarmada.
—¡Señorita Hayes… tenemos un problema!
—¿Qué pasó?
—El señor Crewman está afuera.
Allison dejó de escribir y se echó atrás en su silla mientras sus nudillos se ponían blancos sobre los reposabrazos.
—¿Oliver?
—Está intentando entrar. Seguridad lo detuvo, pero está haciendo un escándalo —dijo su asistente preocupada.
—Lo veré cinco minutos —dijo ella por fin.
—¿Está segura?
—Sí.
—¡No! —irrumpió otra voz desde la puerta y Allison giró la cabeza para ver a Ángel entrar en modo Terminator activado.
—Angel… ¿Qué haces aquí?
—¡Evidentemente, llegar en el momento correcto! Mi padre que avisó que el indeseable había entrado al edificio.
Allison le hizo un gesto a su asistente para que los dejara solos y luego se levantó.
—No voy a discutir contigo, pero tampoco voy a pedirte permiso para hacer lo que tengo que hacer, Angel —le dijo con suficiente suavidad como para que él entendiera que no era un desafío, sino una declaración de hechos.
—Allie, anoche entraron en tu departamento. ¡Sabemos perfectamente que fue él! —la reconvino Angel.

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