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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 193

30 DÍAS… CAPÍTULO 69. Una mujer moviendo los hilos.

Y Oliver no necesitó una segunda invitación. Salió de la sala y prácticamente corrió por el pasillo, tropezándose y tambaleando.

Ángel hizo ademán de seguirlo, pero Allison se interpuso.

—¡Esa paliza no fue suficiente! —se quejó él.

—Puedo imaginar que te quedaste con las ganas, pero ahora hay algo mucho más urgente que hacer —le advirtió ella y Angel se detuvo.

La vio marcar su teléfono y marcar un número que ya tenía en discado rápido.

—El pobre Ferguson terminará adoptándonos si seguimos llamándolo tan seguido —suspiró.

Pero siempre fiel a su deber, el detective respondió después de pocos tonos.

—Detective, soy Allison Hayes. Tengo evidencia de Oliver Crewman que puede servirle —dijo sin siquiera saludar—. No puedo contarle por teléfono, venga a mi empresa. Y traiga una orden, equipo forense digital y prepárese para una cadena de custodia sin errores.

Ferguson tardó un segundo en responder.

—Hasta miedo me da preguntarle, señorita Hayes, pero… ¿Qué hizo ahora?

—¡Hombre de poca fe! —exclamó Allison con una sonrisa satisfecha—. Venga y lo verá.

Menos de media hora después, el detective llegó acompañado de agentes y personal especializado. Allison hizo que los guiaran directamente hasta la sala de servidores y Ferguson entró observándola con desconfianza.

—¿Está bien?

—Sí.

Sus ojos bajaron hacia el cuello de Allison.

—Eso no parece estar bien —apuntó.

—Oliver perdió el control —dijo Angel y Ferguson giró inmediatamente hacia él. Tenía una pequeña marca rosada en la mandíbula, pero sus nudillos eran los que sangraban así que era bastante evidente quién había salido perdiendo.

—Veo que alguien más también perdió el control —murmuró el detective.

—No tanto como habría querido —respondió Ángel.

—Entonces después hablaremos de eso. —Ferguson volvió hacia Allison—. Dijo que tenía algo para mí.

Allison asintió y mandó a que le trajeran una de las tabletas corporativas de trabajo para enseñársela.

—Oliver vino a verme —comenzó a explicar—. Discutimos y confesó que había adulterado el vino.

El detective se quedó mirándola como si no pudiera creer que aquella mujer hubiera conseguido algo que en tres días no habían conseguido ni él ni los federales.

—¿Confesó? ¿Es una broma?

—Sí.

—¿Delante de testigos?

—Delante de mí, pero esta vez no solo tengo mi palabra, tengo algo mejor —respondió Allison y el detective achicó los ojos.

—¿Lo grabó?

—Todo.

Por un instante el rostro del policía mostró esperanza, pero luego recordó que la verdad no siempre era aceptable legalmente solo porque aparecieran en cámara.

—Señorita Hayes, las grabaciones privadas sin consentimiento pueden convertirse en un problema dependiendo de las circunstancias y de la jurisdicción —murmuró con preocupación—. Por favor dígame que no escondió un teléfono debajo de la mesa para provocar una confesión.

—No escondí nada —sonrió Allison señalando hacia la entrada—. Por eso mismo lo traje a esta habitación para discutir con él.

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