30 DÍAS… CAPÍTULO 71. Una evidencia que proteger.
El entendimiento fue tan rápido como la reacción, y para cuando Allison le puso el punto final a aquella sentencia, Ángel ya estaba marcando un número.
—Eso pensé.
Ferguson respondió al segundo tono, siempre eficiente, y sobre todo, siempre consciente de que cada llamada de los “señores pecado carnal” era una pista o un desastre en potencia.
“Señor Rivera”.
—Encontramos a Crewman.
Hubo un silencio lleno de sorpresa. Porque Ferguson y los federales tenían a medio departamento movilizado y aun así no lo habían encontrado.
“¿Dónde?”
Ángel le dio la dirección de la bodega.
—Mi padre tiene gente vigilándolo. Entró hace pocos minutos y parece que va a quemar evidencia.
La voz del detective cambió inmediatamente.
“No se acerquen”.
Pero Allison ya estaba tomando su bolso.
—Claro —respondió Ángel.
“Rivera, estoy hablando en serio. Hay una orden de arresto contra ese hombre y no sabemos en qué estado se encuentra”.
—Entendido.
“Voy a enviar unidades y avisar a los federales. Ustedes se quedan donde están”.
—Por supuesto.
Ángel colgó y Allison lo miró.
—Mientes fatal —le dijo con una sonrisa.
—Tú ya tienes el bolso. No te atrevas a juzgarme.
—Buen punto.
Salieron por las escaleras de servicio para no alertar a las patrullas que Ferguson había dejado para cuidarlos y cuando llegaron al almacén, todavía no había ni rastro de la policía.
—Y así pretende atraparlo Ferguson —suspiró Angel.
Dos hombres de su padre esperaban en vehículos separados, suficientemente lejos de la entrada para no llamar la atención, pero uno se acercó apenas Ángel estacionó.
—Sigue dentro —reportó.
—¿Cuántos? —preguntó Angel con precisión.
—Solo Crewman.
—¿Combustible?
—No estamos seguros.
Allison miró el edificio con cara de que no iba a dejar pasar la oportunidad.
—Tenemos que entrar —dijo pero Ángel la sujetó por el brazo.
—Nosotros no tenemos que hacer nada. La policía viene en camino.
—¡Y si esperamos hasta que lleguen, Oliver no dejará una sola evidencia!
—Allison...
—Si quieres quedarte aquí, perfecto, pero yo voy —sentenció ella caminando apresurada y Ángel cerró los ojos.
—Algún día voy a dejarte hacer estas estupideces sola.
—Pero hoy no.
—No, no hoy. Pero para que sepas, pero no es tenerme dominado —rezongó Angel.
—Yo jamás aspiraría a tanto —replicó Allison y entraron por una puerta lateral que había quedado abierta.
El olor los golpeó casi inmediatamente. No era humo todavía. Era vino, madera, alcohol y algo químico que Allison no consiguió identificar, probablemente el compuesto del anticongelante.
Más adelante se escuchó un golpe, después otro y Ángel la hizo detenerse.
—Quédate detrás de mí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS