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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 196

30 DÍAS… CAPÍTULO 72. Un criminal idiota

Las sirenas estaban ya afuera. Se escucharon portazos, voces, y Oliver miró desesperadamente alrededor.

—¡Si yo no salgo, ninguno sale!

—Oliver...

—¡Todos vamos a morir aquí! —gritó levantando la botella y se vació el contenido sobre la cabeza.

Allison se quedó mirándolo y Ángel también.

Oliver rompió una segunda botella y lanzó el contenido alrededor. Rompió la tercera cuando la policía estaba entrando y volvió a empaparse. El vino le corría por el cabello, el rostro, la camisa y los pantalones.

Ángel parpadeó con una mueca de molestia.

—No puede ser.

Oliver sacó un mechero del bolsillo con un gesto amenazante.

—¡Atrás!

En ese momento las puertas se abrieron y una docena de agentes entraron corriendo.

—¡POLICÍA! ¡NO SE MUEVA!

Ferguson llegó acompañado de varios agentes y le dirigió una mirada de reproche a Allison y a Angel, pero ellos solo miraron a otro lado fingiendo una inocencia que estaban lejos de tener.

Oliver levantó el mechero.

—¡Nadie se acerque! —gritó y los policías apuntaron.

—¡Suelte el encendedor! —ordenó Ferguson, pero Oliver ya estaba fuera de sí.

—¡Voy a prenderme fuego! ¡Y después arderá todo este lugar! ¡Con ustedes dentro!

Ferguson levantó una mano a modo de orden.

—Nadie se mueva…

—No va a hacer nada —bufó Angel con fastidio—. Pueden arrestarlo, no se va a prender fuego el inútil este.

—¡Sí lo haré! ¡Me voy a matar y me los llevo conmigo al infierno! ¡Déjenme ir o serán los culpables de mi muerte! —vociferó Oliver y Angel miró alrededor buscando algo, había un encendedor en una de las mesas cercanas, probablemente perteneciente a alguno de los empleados, y caminó hacia él con paso decidido.

—¡Señor Rivera, ¿qué hace?! —gritó Ferguson, pero no tuvo tiempo de detenerlo cuando ya Angel había encendido el mechero y lo lanzaba contra Oliver.

—¡ÁNGEL! —gritó Allison y el mechero encendido golpeó la camisa empapada de Oliver.

Varios agentes retrocedieron instintivamente, Oliver gritó… y no ocurrió absolutamente nada. El mechero cayó al suelo sobre un charco de vino y se apagó.

El silencio fue absoluto mientras Oliver miraba su camisa y su cuerpo intactos.

—¿Qué...? —balbuceó y Angel abrió los brazos con un gesto de impaciencia.

—¡Es vino, imbécil! ¡Tiene doce por ciento de alcohol, el resto es agua! ¡Esa m****a no arde así!

Y nadie se atrevió a decir nada, porque la cara de Oliver era épica, completamente empapada en vino mientras parecía intentar comprender en qué momento su dramática amenaza suicida se había convertido en la cosa más estúpida que había hecho en toda su vida.

Ferguson se restregó la cara y Allison se llevó una mano a la boca para no ahogarse de risa en un momento tan aparentemente dramático.

—¡Dios mío!

—¡Cállate! —Oliver giró hacia ella y eso terminó de hacerla romper en carcajadas.

—Es que... —Intentó respirar—. Yo iba a casarme contigo.

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