30 DÍAS… CAPÍTULO 73. El mismo patrón
El amanecer llegó sin que ninguno de los dos se diera cuenta.
Allison estaba acostada de lado, con la cabeza sobre el pecho de Ángel y una pierna entrelazada con las suyas. Habían regresado del interrogatorio posterior al arresto de Oliver demasiado tarde para preocuparse por otra cosa que no fuera ducharse y caer rendidos en la cama. Ni siquiera habían hablado demasiado. Por primera vez desde que todo aquello había comenzado, no había un siguiente movimiento que planear, un documento que encontrar, una mentira que sostener ante la policía ni un hombre peligroso al que vigilar.
Oliver estaba detenido. La empresa Crewman había quebrado y las pruebas estaban en manos de las autoridades. La investigación que había llevado a Ángel a infiltrarse en la vida de Oliver había terminado. Y aquella mañana, aunque todavía ninguno de los dos lo había dicho en voz alta, también terminaba otra cosa.
Ángel fue quien se dio cuenta primero. Había despertado antes que Allison y llevaba varios minutos mirando la claridad que comenzaba a entrar por las cortinas cuando tomó el teléfono de la mesa de noche para comprobar la hora. Miró la pantalla, bajó la vista hacia Allison y después volvió a mirar la fecha.
Su mano, que hasta entonces recorría distraídamente la espalda desnuda de Allie, se detuvo.
—Allison…
Ella protestó contra su pecho, manoseándolo con descaro.
—Si son menos de las ocho, no existo.
—Tienes que existir, porque creo que deberías ver esto.
—Si Oliver escapó de la cárcel, dile que vuelva después del desayuno…
Ángel sonrió.
—No es Oliver.
—Entonces puede espe…
—Hoy se cumplen treinta días —la interrumpió él y Allison abrió los ojos.
Se quedó inmóvil durante varios segundos, todavía medio dormida, hasta que las palabras terminaron de adquirir sentido. Le quitó el teléfono de la mano y miró la fecha.
—Exactamente treinta —murmuró incorporándose y sosteniendo la sábana contra su pecho.
—Se supone que hoy debería terminar tu secuestro.
Allison recordó despertarse esposada a una silla y descubrir frente a ella al hombre que supuestamente debía aterrorizarla. Recordó la cabaña, las cajas llenas de documentos, el sótano que Ángel había intentado utilizar para asustarla, la ducha donde había descubierto que su secuestrador tenía muchos más atractivos de los recomendables, la tormenta, la herida, la fiebre, la huida y aquel regreso que todavía no sabía explicar racionalmente. Después California, los Rivera, el vino, Oliver, las mentiras, la policía.
Parecía imposible que todo hubiera cabido en un solo mes.
—Treinta días —repitió.
—Ya se acabaron.
Se miraron y de pronto ninguno sonrió.
Habían bromeado tantas veces sobre el secuestro que Allison había llegado a olvidar que originalmente tenía una fecha de caducidad.
—Supongo que oficialmente estás libre —murmuró Angel. De todo lo que pasó, de Oliver, de la boda, del desastre… y de mí. —Él dejó el teléfono sobre la mesa y le apartó un mechón de cabello de la cara—. Puedes volver a tu casa, a tu oficina, a tu vida.
Allison sintió algo desagradable en el pecho. Sabía que no estaba intentando echarla de ninguna parte. Sin embargo, entendió perfectamente lo que quería decir.
Ya no necesitaba protección. No tenía que esconderse. No tenía que interpretar ningún papel. Oliver estaba detenido y probablemente permanecería así durante mucho tiempo. Ella podía volver a ser simplemente Allison Hayes, la CEO.
—Y tú puedes volver a la tuya —dijo ella y Ángel sostuvo su mirada.
—Sí…
—La empresa de tu familia está a salvo —apuntó Allison como si eso también fuera relevante—. Oliver ya no puede seguir espiándolos ni robándoles socios. Todo lo que viniste a investigar terminó.

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