30 DÍAS… CAPÍTULO 74. Una predicción y una apuesta
Nadie respondió mientras seguían esperando por los ascensores, pero en cierto punto Darío pareció perder completamente la paciencia.
—¡Maldición! ¡Ya sé cómo va a terminar esto! —espetó con impotencia.
—Cariño… no empieces —advirtió Sammy.
—No estoy empezando. ¡Estoy prediciendo!
Alejandra soltó una risa condescendiente.
—¡Genial, papá! Ahora también eres adivino.
Detrás de la esquina, Allison continuaba inmóvil, con el celular de Sammy entre las manos, y esa sensación de que llevaba demasiado tiempo escuchando una conversación que no le correspondía, pero cada vez que pensaba en avanzar, alguno de ellos decía algo que la dejaba clavada en el sitio.
Y Darío pareció tomarse muy en serio su papel de oráculo recién adquirido.
—¿Quieren apostar conmigo? —retó a su esposa y a su hija—. Porque voy a decirles justo lo que va a pasar: Ángel va a pensar que ella merece algo mejor. Y Allison va a pensar que él no quiere renunciar a la vida que lleva, que tarde o temprano se cansará de estar quieto.
Allison bajó la mirada y al otro lado de la pared Darío continuó caminando despacio.
—Así que ninguno dirá nada. Ángel se irá a Los Ángeles y empezará a hacer todas esas estupideces que tanto le gustan: Se tirará de aviones… con paracaídas, espero.
Alejandra soltó una carcajada, pero Darío siguió enumerando con absoluta tranquilidad.
—Atravesará algún desierto, subirá una montaña que nadie le pidió subir, se meterá debajo del agua con animales que deberían permanecer bastante lejos de los seres humanos, o encontrará cualquier otra actividad en la que exista una posibilidad razonable de romperse el cuello.
—Sí, ese definitivamente es mi hermano —admitió Alejandra.
—Y hará todo eso convencido de que está respetando la decisión de Allison.
Detrás de su esquina, ella apretó ligeramente el teléfono.
La apuesta comenzaba a resultarle demasiado incómoda.
—Mientras tanto —prosiguió Darío—, Allison hará exactamente lo contrario.
Sammy ladeó la cabeza.
—¿Trabajar?
—¡Hasta que no le quede tiempo para pensar! Hará crecer su empresa, abrirá otra oficina, comprará alguna compañía que no necesita y terminará trabajando dieciséis horas al día para demostrarse que está perfectamente bien. —Darío se detuvo a pocos metros del ascensor y se volvió hacia ellas—. ¡El problema es que ninguno de esos dos idiotas va a olvidar al otro! Y ninguno llamará, ¡porque ninguno de los dos tiene las pelotas suficientes para decirle al otro que está enamorado! —exclamó como si la respuesta fuera obvia.
Alejandra abrió la boca para protestar, pero volvió a cerrarla, porque su padre levantó un dedo en una clara señal de que todavía no había terminado con todas sus predicciones.
—Así que pasarán los meses —continuó con un tono de voz que ya empezaba a erizarle la piel a todo el mundo—. Luego pasará un año. Después dos.
—¿Por qué dos? —preguntó Alejandra.
—¡Porque lo digo yo! Y durante esos dos años Ángel seguirá haciendo cosas cada vez más absurdas para convencerse de que disfruta muchísimo de su libertad.
—¿Y Allison seguirá trabajando? —preguntó Sammy como si ya se estuviera tomando en serio la predicción.
—¡Correcto! Y cuando por fin alguno de los dos comprenda que eso no funcionó, ya será demasiado tarde.
Allison levantó lentamente la cabeza y Alejandra también perdió la sonrisa.
—¿Demasiado tarde para qué? —increpó a su padre.
—Ángel volverá a Nueva York decidido a buscarla por fin… ¡pero Allison ya estará casada!
El teléfono estuvo a punto de escapársele de las manos y Allison lo rescató como una malabarista, apretándolo contra su pecho mientras se agarraba de la pared porque ya el señor Diablo Rivera le estaba pareciendo más diablo que lo acostumbrado.
—¡Nooooo! —protestó Alejandra y Sammy miró a su marido como si estuviera escuchando el avance de una novela demasiado buena.
—¿Casada con quién?
Darío se encogió de hombros.

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