30 DÍAS… CAPÍTULO 75. Maquinaria pesada
Sammy fue la primera en reaccionar y caminó rápidamente hacia ella.
—Allison, cariño, nadie dijo que de verdad fueras a morir deprimida…
—¡Él dijo que voy a vivir infeliz para siempre! —sollozó Allison como si tuviera trece años y un ataque amor adolescente.
—Bueno —intentó él—, técnicamente...
—¡No digas técnicamente! —soltaron Sammy y Alejandra a la vez.
Darío cerró la boca mientras Allison seguía pegada a la pared.
—Si voy a vivir infeliz para siempre, eso significa que voy a estar infeliz hasta que me muera. Por lo tanto, voy a morir deprimida.
—No necesariamente deprimida —intentó Darío y Alejandra se volvió hacia él.
—Papá, por favor deja de mejorar la predicción.
—¡Solo intento ser preciso! —se defendió él.
—¡Ese es el problema!
Sammy tomó a Allison por los hombros.
—Mírame —ordenó y Allison la miró—. Nada de lo que dijo va a ocurrir.
—¿Cómo sabes? —moqueó ella y Sammy señaló a su marido sin siquiera girarse.
—Porque ese hombre no puede encontrar las llaves del auto cuando las tiene en el bolsillo. No ve el futuro.
—Una vez acerté algo importante —protestó él.
—Predijiste que llovería mientras estabas mirando una tormenta. —Sammy lo miró como si estuviera a punto de asesinarlo por telepatía.
—Seguía siendo una predicción.
Alejandra se llevó una mano a la frente, pero Allison, sin embargo, no pareció tranquilizarse.
—¡Voy a necesitar ayuda! ¡Oh, Dios, voy a necesitar ayuda!
El tono cambió tan de repente que los tres Rivera dejaron de discutir y Sammy le apretó los brazos para hacer que la mirara, alguien tenía que enfocarla.
—Claro. Solo tienes que decirnos qué necesitas.
Allison miró hacia su oficina, después hacia ellos y finalmente su rostro pareció iluminarse con la idea correcta.
—¡Un montacargas!
Silencio absoluto en escena.
—¿Cómo dijiste? —Alejandra parpadeó como si la escuchara decir que necesitaba una lombriz de tierra o cualquier otra cosa igual de incoherente.
—¡Un montacargas! ¡Necesito un montacargas! —repitió ella y Darío frunció el ceño mientras Alejandra golpeaba el hombro de su padre.
—¿Ves?
—¿Qué?
—¡La estropeaste!
—¿Cómo que la estropeé? —se defendió Darío.
—¡Hace cinco minutos estaba perfectamente bien y ahora necesita maquinaria industrial solo Dios sabe para qué! —le reclamó su hija y Sammy se mordió los labios para no reír.
Aquella era una escena tragicómica, pero si algo había a prendido de su marido era a aceptar la vida como venía y disfrutarla. Y si la famosa predicción servía precisamente para evitarla, pues entonces le seguirían la corriente a Allison a ver qué pasaba.

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