CAPÍTULO 81. Un nombramiento especial.
Dos meses después, Allison apareció en la sala con una expresión que Ángel conocía demasiado bien.
Él estaba en el sofá revisando una interminable lista de decisiones relacionadas con la boda. En algún momento entre el compromiso y aquella tarde, la ceremonia relativamente elegante que ambos habían imaginado se había transformado en un acontecimiento capaz de requerir más logística que una cumbre internacional.
—¡Tenemos que casarnos ya! —exclamó ella y Ángel levantó la cabeza, azorado.
—¿A quién hay que matar y por qué es la urgencia?
—Hablo en serio, Angel. Vamos a hacer esta boda de una vez —insistió Allison.
—¡Pero conejita, la estamos organizando…!
—Demasiado lento.
Ángel dejó la tableta que tenía en las manos a un lado y la hizo un gesto con las manos como si quisiera apaciguar a una depredadora furiosa.
—Allison… cielo… la boda es enorme… Son más de doscientos invitados, personas viajando desde otros estados, un lugar reservado, catering, flores, música y una mujer que lleva tres semanas enviándome fotografías de manteles —la reconvino él—. No puede hacerse más rápido…
Allison hizo un gesto impaciente.
—Pues entonces desinvita a ciento noventa y siete personas. Solo nosotros y tus padres, pero nos casamos este fin de semana.
—¡Allison, ¿Cuál es el incendio que hay que apagar?! ¡Ya tienes mi cuerpito! ¿Cuál es la prisa!
—¡La prisa es que si no hacemos la boda pronto, no voy a caber en el vestido!
Ángel soltó un suspiro.
—Claro que vas a caber.
—No.
—Allison, faltan apenas...
—¡No voy a caber!
—Pues se ajusta.
—¿A la talla 25 XL? —rezongó ella y Angel el puso los ojos en blanco porque obviamente todavía estaba completamente perdido con la noticia.
—¿Y por qué demonios te pondrías en la talla…? —Increíblemente ese fue el único momento en que entendió que tenía que callarse.
Allison esperó, lo vio parpadear, mirar su cuerpo, luego su rostro, luego otra vez… y justo en ese instante se tambaleó.
—Espera…. ¿Por qué no vas a caber?
Alison empezó a sonreír y se cruzó de brazos.
—Creo que puedes resolverlo tú solito.
Ángel pasó saliva y se agarró del respaldo de una silla como si fuera a caerse en cualquier momento.
—Conejita… No me digas que estás… ¿Estás...? ¡¿De verdad?!
La sonrisa de Allison terminó de darle la respuesta y la expresión de Angel se iluminó como si le acabaran de decir que se podía ser más feliz de lo que ya era.
—Estoy embarazada —confirmó Allison y él tardó apenas un segundo en llegar hasta ella.
Ángel le sujetó el rostro con ambas manos y la miró a los ojos con una expresión suplicante que lo desarmó.
—¿Vamos a tener un bebé?
La emoción en su voz hizo que los ojos de Allison se llenaran de lágrimas antes de que pudiera impedirlo.
—Sí.
Él la besó y luego volvió a mirarla, como si necesitara comprobar que seguía diciendo lo mismo.
—¿Un bebé?
—¡Eso suele ser lo que ocurre con los embarazos, conejito!
Ángel rio, pero tenía los ojos húmedos y Allison lo vio intentar contenerse, evidentemente sin conseguirlo.
—¿Estás llorando? —le preguntó entre risas.
—Nooooooo.
—¡Ángel!

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