30 DÍAS... CAPÍTULO 83. Bésala de nuevo
La boda se celebró unas semanas después. Habían conseguido adelantarla, aunque Allison nunca supo cuántas amenazas, llamadas, favores y cantidades obscenas de dinero habían sido necesarias para reorganizar en tan poco tiempo un evento que había crecido mucho más de lo que ambos pretendían.
Aquella mañana, sin embargo, nada de eso importó.
Allison se quedó unos segundos frente al espejo mientras terminaban de acomodarle el vestido. Todavía no se notaba el embarazo y la tela se ajustaba perfectamente a su cuerpo, cayendo después en una falda elegante que se movía con suavidad a cada paso.
Alejandra apareció detrás de ella reflejada en el espejo.
—¡Cuñadita!
Allison sonrió.
—¡Cuñadita!
—¡Ahora oficialmente! ¡Ya nunca vas a poder librarte de mí! ¡Y mira que yo soy más pitonisa que mi padre, porque yo sí supe que mi hermano se iba a enamorar de ti incluso antes de que te secuestrara! ¡Bienvenida a la familia!
Aquellas cuatro palabras consiguieron que Allison bajara la mirada para contener las lágrimas y Alejandra lo notó.
—No empieces.
—No estoy empezando.
—Si lloras, yo lloro. Si yo lloro, mi madre llora. Si mi madre llora, mi padre hará algún comentario idiota para intentar arreglarlo y terminaremos todas queriendo matarlo.
Allison soltó una risa suave
—Entonces intentaré controlarme.
Sammy entró justo a tiempo para escucharla.
—Ni se te ocurra. Hoy puedes llorar todo lo que quieras. Todos vamos a llorar… Y luego me van a explicar por qué tuve que financiarle el Ferrari a un obispo para que los casara con tanta prisa.
Allison miró al techo haciéndose la desentendida, y Sammy no preguntó más porque sabía que al final terminaría averiguándolo, más temprano que tarde.
Se acercó y le acomodó con delicadeza un detalle del vestido.
—Estás preciosa, cariño.
—Gracias.
—Y tranquila. Revisé a mi hijo esta mañana. Está limpio, peinado y no lleva esposas.
—Eso último es un poco decepcionante.
Alejandra resopló.
—¡Eres una sucia! ¡Querías acción antes de la luna de miel! ¡Ese avión lo usamos todos! —bromeó haciendo que todas rieran.
—Tus padres lo usaron primero —replicó Allie y las rosas se acabaron.
—¡Qué trauma para mi cerebro! —exclamó Alejandra mientras Allison volvía a mirarse en el espejo.
Durante años había imaginado aquel momento de muchas maneras. Había pensado en la boda como una meta, como la prueba definitiva de que finalmente había conseguido aquello que nunca tuvo. Ahora entendía que no era ninguna meta. Ni siquiera era un comienzo. Era simplemente un día dentro de una historia que ya había empezado y que seguiría cambiando después. Y precisamente por eso estaba tranquila.
Diez minutos después llegó a la entrada de la iglesia y su suegro le ofreció el brazo.
—A partir de este momento te conviertes en mi hija, si Angel te molesta, solo tienes que avisarme y le rompo las piernas. ¿De acuerdo, hija?
—Sí, suegrito.
—¡¿Qué dijiste?!
—Sí… papá —carraspeó y la música empezó a sonar de inmediato.

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