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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 210

30 DÍAS… EPÍLOGO.

Ángel decidió que el silencio era probablemente su opción más segura, aunque estaba seguro de que aunque tuvieran que pasar por todo aquello tres veces más, Allison y él seguirían teniendo bebés, porque querían una familia grande.

Horas después, el llanto de una niña llenó la habitación, y en ese momento todo lo demás desapareció. Allison estaba agotada, llorando antes incluso de que colocaran a la pequeña sobre su pecho, pero había más alegría ahí que miedo.

—¿El padre quiere cortar el cordón? —preguntó el doctor y Angel no dejó que su pulso temblara cuando cordón de su hija.

—¡Demonios, eres una copia de tu madre! —sonrió embobado, y Sammy, que estaba del otro lado de la cama, apretando con fuerza la mano de Allison, elevó los ojos al cielo.

—¡Gracias a Dios, las niñas merecen ser hermosas!

Angel le sacó la lengua como si todavía fuera su niño chiquito, y cargó a su hija como si fuera un tesoro. Y a nadie le sorprendió que a pesar de los nervios de antes, sus brazos fueran firmes y seguros para sostener a su hija.

Le dio un beso suave en la frente, con los ojos húmedos, y luego la puso en los brazos de su madre. Allison la miró y durante unos segundos fue incapaz de entender cómo alguien podía ser tan diminuto.

Tenía el rostro enrojecido, los ojos cerrados y unas manos minúsculas que se movían sin coordinación.

—Hola —susurró con voz ronca por la emoción.

Ángel apoyó la frente contra su sien y le dio las gracias mil veces con aquel tono que era capaz de derretirla.

Y para cuando ella levantó los ojos, descubrió que estaba llorando abiertamente.

—¿Otra vez tienes algo en los ojos? —le preguntó y él soltó una risa rota.

—En los dos. ¡Esto va a ser un padecimiento crónico de esos, ve acostumbrándote!

Se inclinó para besarla en la frente y después miró nuevamente a la bebé.

—Tiene cara de Ava —murmuró, porque los dos habían acordado que esperarían a verla para decidir su nombre final entre los que habían elegido.

Y Allison sonrió, porque era cierto que tenía cara de Ava.

—Ava Rivera—Hayes —susurró acariciando con un dedo su pequeña mejilla.

—Es perfecta —murmuró Angel enternecido.

—Acaba de nacer. Dale tiempo para desarrollar defectos.

—No va a tener ninguno —le gruñó Angel.

—Es hija nuestra, en algún punto querrá tirarse un avión y tú sufrirás un infarto prematuro… ¡Ay, yo también soy pitonisa! —exclamó Allison y Angel le puso los ojos en blanco, pero no la desmintió.

—Buen punto.

Alejandra llegó al hospital mucho antes de lo razonable. Darío no se había quedado solo pegado a la puerta de la sala de parto esperando que alguien saliera, sino que había ido por flores, regalos y cosas para consentir a la mamá.

—¡No puedo creer que me haya perdido el nacimiento de mi sobrina en vivo y en directo! —se quejó ella.

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