10 AÑOS… CAPÍTULO 2. Una intriga personal
Giulia se quedó mirando la mano de aquel hombre como si quisiera romperla. ¿De verdad estaba frente a ella, presentándose formalmente, mirándola como si nunca la hubiera conocido?
—Entonces el placer es solo suyo, señor Blackwood —respondió finalmente, estrechándole la mano con más fuerza de la necesaria—. Yo me contentaré con conservar la decepción.
Byron entrecerró los ojos, desconcertado por la frialdad de aquella mujer. No la conocía, aunque no podía negar que por unos segundos al verla por primera vez no había podido dejar de mirarla. Tenía algo… no sabía qué, pero no solo era la intensidad de una mujer atractiva o el deseo que provocaba una persona hermosa. Era algo más, como si de repente hubiera regresado a casa y esa casa estuviera en una oficina, con ella.
Quizás por eso el trato cortante lo hizo arrugar el ceño.
—¿Es solo mi impresión o no le agrado demasiado, señorita Orlenko? —preguntó, y la vio retirar la mano, llevándola a su falda como si hiciera un esfuerzo por no limpiarse con ella.
—No se preocupe, señor Blackwood. Para que alguien deje de agradarme, primero tendría que haber significado algo —respondió Giulia, y antes de que él pudiera responder, señaló los documentos—. Imagino que vino por los informes.
Byron tardó un segundo en apartar los ojos de ella.
—Sí. Tengo autorización para revisar la documentación relacionada con la auditoría. Voy a iniciar mi propia investigación interna.
—Eso escuché —replicó Giulia— puede llevarse los primeros informes.
—Preferiría revisarlos con usted…
—Yo no soy auditora, señor Blackwood, solo soy un enlace. Lo único que tiene que revisar conmigo es su autorización a los archivos y ya la tiene. Después de esto, no hay absolutamente nada más de qué hablar.
Byron se quedó mirándola como si lo hubiera abofeteado. Sobraba decir que jamás una mujer había intentado deshacerse de él con tanta crudeza, pero aquello al final tenía que ser por culpa de Jordan. Después de todo Julia era la hermana de la ex esposa, el desastre estaba escrito antes de conocerse y aún así…
—Señorita Orlenko, sé que las relaciones entre las familias son un desastre y que el resentimiento es parte del paisaje, pero le aseguro que yo…
—¿Y espera que a estas alturas confíe en su palabra, señor Blackwood? —siseó ella mirándolo con un desprecio que no se molestaba en ocultar.
Byron tenía que ser muy cabrón o tener Alzheimer prematuro para no recordarla, o para hablarle como si no la recordara.
—Entre nuestras familias no hay nada, entre usted y yo ya ni siquiera cabe el resentimiento —siseó—. Así que tome sus archivos y vaya con los auditores. Están en el piso seis, sala de conferencias cuatro, ellos son los únicos a quienes necesita ahora.
La mandíbula de Byron se convirtió en una línea fina, apretada, marcada con ese gesto que ella no había olvidado: la contención de un muchacho con el temperamento de un huracán. Ahora solo era un hombre que había aprendido autocontrol, pero eso no lo ayudaba del todo.
Byron tomó los documentos y se dirigió a la sala que Giulia le había indicado. El Jet lag no ayudaba y no dejar de pensar en ella tampoco. Habló con auditores, anotó otros archivos por entregar, se metió de cabeza en el proceso tal como le había prometido a Jordan, no para salvar a su primo, sino para encontrar la verdad.
El problema era quela puerta de aquella sala se abría cada tanto para dejar entrar a Giulia. Ella ni siquiera lo miraba, solo hablaba con el auditor en jefe, entregaba memorias USB, recogía otras, y se iba sin que aquella expresión impenetrable abandonara su rostro.
Hasta que de repente Byron se vio vigilando la puerta para verla entrar en lugar de revisar documentos. Y después de la última vez que ella entró para decir que se marchaba por ese día, él se levantó como un resorte y corrió tras ella.

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