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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 213

10 AÑOS… CAPÍTULO 3. Una artista

Las puertas del ascensor de cerraron entre ellos, pero Giulia no hizo un solo gesto. Tampoco en su auto, ni en su departamento. Solo cuando encendió la luz del ático que usaba para pintar, su mirada se posó en aquel retrato oscuro que había pintado de memoria.

No era Byron de memoria, no era el muchacho del que se había enamorado, era el hombre en el que ella imaginaba que se convertiría. Lo había pintado cinco años antes, como despedida, como nostalgia, como una especie de dolor raro que no se iba.

Y entonces sí lloró, pero no por él. Lloró por la mujer que no había logrado recuperarse del todo en diez años. Lloró por la adolescente que había descubierto lo fácil que era que le rompieran el corazón y la adulta que no había sabido remendarlo.

Le dio la vuelta al cuadro, donde su imaginación había alcanzado un punto bastante similar a la realidad, y negó despacio.

—Qué fácil se te hizo reducir diez años a una noche —murmuró.

Pero luego se secó las lágrimas, bebió vino hasta la media noche, tomó helado después y durmió las cuatro horas que necesitaba para levantarse de nuevo como una mujer a la que nadie podía doblegar.

Sabía que mientras la auditoría durara tendría que volver a encontrarlo, pero no iba a permitir que eso siguiera afectándola.

Cuando durante los dos días siguientes coincidieron por asuntos relacionados con la auditoría, lo trató con una cortesía distante que no dejaba espacio para conversaciones personales. Byron tampoco volvió a preguntarle nada, aunque eso no significaba que hubiera dejado de observarla. Cuanto más indiferente se comportaba Giulia, más evidente le resultaba que la atracción que sentía por ella no había sido una casualidad.

Finalmente, a mitad de una reunión donde ella no había estado, Byron se peleaba con la máquina de café del área de descanso cuando escuchó a dos asistentes hablando en voz baja.

—¿Ya llevaron la escultura de la señorita Giulia? —preguntaba una.

—Esta mañana —dijo Brandy con un suspiro—. Aunque todavía no decide si la venderá o no. Dijo que si conseguía una buena cantidad para la fundación, valdría la pena, pero se nota que esa pieza le importa mucho.

—Seguro que sí. La subasta es esta noche y esa pieza es preciosa. Es una lástima que esté encerrada en una oficina ahora, por suerte será algo temporal.

Byron se parapetó detrás de la máquina de café como si fuera una trinchera.

¿Escultura?

Hasta ese momento había supuesto que Giulia Orlenko trabajaba habitualmente dentro de los negocios de los Orlenko. Que fuera artista era solo un descubrimiento.

—Pues sí espero que sea temporal, porque desde que todo esto empezó está de un humor terrible. Especialmente desde que Byron Blackwood apareció —suspiró Brandy.

—A lo mejor es que le gusta —bromeó la otra empleada con tono cómplice.

—¿El señor Blackwood? ¡Claro que no! —exclamó Brandy.

—¿Por qué no? Es un hombre muy atractivo, guapo, sexy… ¡Yo no le diría que no! —replicó la otra empleada y una sonrisa de suficiencia apareció en el rostro de Jordan. Una sonrisa que murió de inmediato cuando la asistente personal de Giulia le respondió.

—El señor Blackwood podría ser un dios y aun así ella no lo miraría, porque el corazón de Giulia Orlenko ya está ocupado. He visto algunas pinturas de un hombre en su departamento, entre las cosas que no se venden…

—¡Uy! ¿Y sabes quién es?

—Alguien que murió o la traicionó, una de las dos, porque son cuadros son oscuros, como si fueran un duelo. De cualquier manera algunos tienen diez años, fue hace mucho, y aun así no ha superado a ese hombre.

10 AÑOS… CAPÍTULO 3. Una artista 1

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