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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 216

10 AÑOS… CAPÍTULO 6. Chismes de oficina

En Blackwood Holdings, Byron estaba terminando una llamada cuando su teléfono vibró sobre el escritorio. Miró la pantalla y durante un segundo no reconoció el número, pero cuando abrió el mensaje, una sonrisa apareció inmediatamente en su rostro.

—¡Poooor finnnn! —exclamó recostándose en la silla ejecutiva y volvió a leerlo.

Después escribió:

“Necesitaré una dirección, a menos que la primera prueba de la cena sea encontrar tu casa”.

La respuesta llegó un minuto después.

“Pensé que los auditores eran buenos averiguando cosas. ¿En serio vas a fingir que no sabes ya dónde vivo?”

Byron soltó una carcajada.

“Viernes. Siete. Estaré ahí.”

Lo escribió con confianza y luego se restregó la cara.

—¡Que Dios me ayude! ¿Y ahora cómo averiguo yo dónde vive la loca esta?

Él dejó el teléfono y levantó los ojos hacia la escultura instalada frente a su escritorio. La había hecho llevar allí porque era donde más tiempo pasaba, y llevaba desde la mañana descubriéndose mirándola cuando debería estar trabajando.

No entendía qué tenía aquella pieza.

La noche anterior había pasado horas frente a ella al llegar a casa, intentando decidir qué demonios había visto Giulia mientras la creaba. Esa mañana había terminado llevándola a la oficina porque, de manera completamente irracional, no había querido dejarla sola.

Y seguía sin comprender por qué.

En ese momento su asistente entró con una carpeta.

—Señro Blackwood, los informes que pidió.

Byron apenas la miró.

—Déjalos ahí.

Ella obedeció y estaba a punto de salir cuando él habló otra vez.

—¡Espera! —exclamó de repente y su asistente se volvió.

Byron giró lentamente el sillón hacia la escultura y achicó los ojos.

—Tessa, necesito que averigües todo lo que puedas sobre alguien.

—¿Relacionado con la auditoría?

—No.

Eso despertó inmediatamente la curiosidad de la mujer.

—¿Quién?

Byron guardó silencio unos segundos. No sabía exactamente qué estaba buscando. Giulia le había dejado claro que no pensaba explicarle por qué lo trataba como si llevara años acumulando cargos contra él. Podía respetar que no quisiera hablar, pero no podía quedarse sin saber su dirección, o entonces iría a la cita con su espíritu.

—Giulia Orlenko.

Su asistente levantó una ceja indiscreta como si esperara alguna indicación adicional.

—¿Qué quiere saber, exactamente?

Byron volvió a mirar la escultura.

—Todo. Dónde estudió, dónde ha vivido, exposiciones, entrevistas, relaciones, cualquier cosa que sea pública. No invadas su privacidad y no quiero que se entere.

—Entendido.

—¡Otra cosa! Necesito su dirección actual.

Tessa suspiró dramáticamente, su jefe solía ser el hombre más serio, correcto y tranquilo del mundo. Jamás le había dado dolores de cabeza con asuntos personales, pero sospechaba que eso estaba a punto de cambiar.

Pero que su jefe se humanizara un poco no tenía nada que ver con su eficiencia como secretaria así que a la mañana siguiente, Byron estaba revisando por tercera vez el mismo informe cuando la puerta de su oficina se abrió sin previo aviso.

Tessa entró apresurada, cargando dos cafés y una tableta bajo el brazo. Dejó uno frente a él y arrastró una silla para sentarse al otro lado del escritorio.

—Tengo buenas y malas noticias —anunció.

—Empieza por las buenas.

—Te traje café.

Byron miró el vaso como si la explicación no fuera suficiente… o asustara.

—¿Y las malas?

—El informe oficial sobre Giulia Orlenko es ridículamente breve. Tan breve que empiezo a pensar que esa mujer ha dedicado su vida a evitar que alguien pueda escribir una biografía decente sobre ella.

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