10 AÑOS… CAPÍTULO 7. Una experiencia diferente
Byron parecía consternado, pero la frase le seguía dando vueltas en la cabeza: “…resulta curioso que ninguno de los hombres con los que sale se parezca a él. Como si deliberadamente buscara todo lo contrario para no compararlos”.
Y él tampoco se parecía en nada a aquellos hombres. Byron tenía la genética Blackwood, cabello negro, ojos oscuros, uno noventa de estatura, hombros anchos, caderas estrechas, músculos sin forzarlos y parecía elegante pero no intelectual de biblioteca.
—Son todo lo contrario a mí —murmuró repasando la foto y su asistente se quedó mirándolo—. Espera… ¿y si es eso? —preguntó como si hablara consigo mismo mientras su expresión cambiaba poco a poco.
—Señor, creo que necesito un poco de contexto —carraspeó Tessa.
—Giulia Orlenko me odia sin que le haya hecho nada —explicó él—. Y no lo entendía, pero ahora me dices que estuvo enamorada de un hombre. Algo salió mal, ¡obviamente! Muy mal diría yo si diez años después sigue pintándolo. Y después empezó a salir exclusivamente con hombres que no se parecen a él.
—Es una teoría…
—¿Y si yo me parezco?
—¿Al hombre? —Su asistente parpadeó.
—Sí. ¿Y si por eso me odia? ¿Y si cuando me ve le recuerdo al imbécil que le rompió el corazón?
Ella lo observó como si estuviera decidiendo cuánto podía burlarse sin perder el empleo.
—Entonces con todo respeto, está jodido, señor, porque se puede pintar el cabello, pero no hay forma de que se quite medio cuerpo de ancho para caer en el esquema de los “no parecidos” —carraspeó Tessa—. Además, hay un pequeño problema con esa teoría.
—¿Cuál?
—¿Por qué odiaría al hombre que amó?
Byron se quedó callado por un momento.
—No sé.
—¡Gran investigación, Sherlock! —dijo Tessa con sorna y Byron se encogió de hombros.
—Todo es muy raro con ella —murmuró recostándose en la silla—. Desde el primer segundo me miró como si quisiera matarme. Dice cosas que parecen tener otro significado, se enfurece por motivos que no entiendo y después actúa como si yo fuera un completo desconocido. Y ahora resulta que lleva años pintando a un hombre misterioso.
—Quizá podría hacer algo revolucionario para averiguar qué le pasa —propuso su asistente.
—¿Qué?
—Preguntarle —rezongó Tessa y Byron le lanzó una mirada plana.
—Muy gracioso. Se lo preguntaré durante la cena de esta noch…
Sus propias palabras hicieron Byron mirara el reloj.
—¿Está todo preparado? —la increpó—. ¡Y por amor dime que conseguiste la dirección de su casa!
Su asistente lo miró como si la sola pregunta la ofendiera, pero terminó asintiendo.
—Sí, ya tengo la dirección, y además reservé en Bellamy. Mesa privada, ocho y media. Elegante, discreto, excelente carta de vinos. Lo habitual cuando alguien paga medio millón de dólares para conseguir una cena.
Byron permaneció pensativo unos segundos, y luego negó con certeza, como si hubiera tenido una epifanía.
—Cancélalo.
—¿Qué…?
—El restaurante.
—¿Quiere cambiarlo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS