10 AÑOS… CAPÍTULO 16. Un caballero medieval torpe
Tres días después, una invitación llegó inesperadamente a última hora de la tarde, cuando Giulia ya estaba pensando seriamente en abandonar la oficina y recuperar durante unas horas su verdadera vida.
Una exposición privada, una artista emergente, varios coleccionistas importantes y una invitación personal que había aparecido después de una cancelación. Giulia dudó apenas unos minutos antes de aceptar. Llevaba demasiadas semanas encerrada entre asuntos que pertenecían a Katerina y problemas de una empresa que nunca había querido dirigir. Una exposición, al menos, pertenecía a su mundo.
No pensó en invitar a Byron. O sí lo pensó, pero decidió que aquello era diferente. Le había dejado claras las reglas. Lo vería cuando quisiera, no tenía que convertirlo en acompañante oficial de cada lugar al que fuera.
Una hora después entraba sola en la galería, mientras Byron aparecía en su oficina poco después de que ella saliera de allí.
—¿Giulia está ocupada? —preguntó y la asistente levantó la mirada.
—Emmm, la señorita Orlenko no está. Fue a una exposición. La invitaron esta tarde.
Byron hizo una mueca.
—¿Sabe dónde?
La mujer le dio el nombre de la galería y él se quedó inmóvil. No sabía mucho de arte, pero sí sabía de gente que se movía en el círculo de su prima Angela.
—Esa galería la dirige Vivienne Harlow —masculló, y antes de que la asistente entendiera, él ya estaba caminando hacia la salida—. ¿Cómo es que esa mujer tiene un talento tan extraordinario como para entrar sola en lugares donde pueden querer arrancarle la cabeza?
Giulia, por su parte, llevaba media hora en la exposición cuando decidió que había sido una mala idea.
No por Vivienne. Había reconocido inmediatamente el apellido, sabía perfectamente su relación con Angela y había aceptado precisamente porque negarse habría parecido miedo. Y Vivienne se había limitado a recibirla con una amabilidad tan exagerada que resultaba ofensiva. El verdadero problema de la noche era el hombre que llevaba quince minutos sin comprender el significado de la palabra “no”.
—Deberías dejarme enseñarte la colección privada —insistió Omar Baldwing, subdirector de la galería, y Giulia retiró el brazo cuando intentó tocarla otra vez.
—Y tú deberías aprender a interpretar señales sociales antes de salir de casa.
El hombre sonrió como si no fuera un insulto.
—Solo intento ser amable.
—Entonces necesitas practicar —siseó Giulia alejándose, pero él volvió a aparecer a su lado minutos después con dos copas.
—Tregua.
—No estamos en guerra. Para eso tendría que considerarte un adversario —siseó ella.
Tomó la copa únicamente para terminar la conversación y volvió su atención hacia una pintura.
—Eres difícil.
—Y tú insistente. Solo una de esas cosas es un defecto —sentenció mientras Omar solo chocaba su copa con la suya, pero antes de que ella hiciera ningún movimiento para llevársela a los labios, una mano apareció junto a su hombro, tomó la copa y Byron bebió un largo trago.
Giulia abrió los ojos.
—¡Byron!
Él devolvió la copa al hombre con un gesto de molestia.
—Mi insistencia es arrogancia, la tuya es desesperación. Ahora lárgate —espetó con un tono que hizo enfurecer a Omar.
—¿Y tú quién demonios eres?
—La razón por la que tienes aproximadamente cinco segundos para desaparecer antes de que convierta esta noche en el peor recuerdo de tu vida —siseó Byron y el hombre miró alrededor, porque le tocaba decidir si quería arruinar la exposición de su propia galería.
Así que finalmente terminó alejándose y Byron se volvió hacia Giulia.
—¿Estás bien?
Ella lo contempló casi horrorizada.

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