Entrar Via

7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 227

10 AÑOS… CAPÍTULO 17. Yo solita

Byron todavía parecía normal cuando salieron del estacionamiento. Diez minutos después dejó de parecerlo. Dos semáforos después, estaban detenidos en una luz roja cuando Giulia lo vio aflojarse la corbata por tercera vez.

—¿Byron?

—Hace calor…

—No hace calor. El aire acondicionado está para criar pingüinos —murmuró ella.

—Entonces alguien debería avisarle a mi cuerpo…

Giulia sujetó su cara y lo acercó para mirarlo bien. Tenía las pupilas extrañas y había empezado a sudar.

—¡Mierd@!

—Estoy bien.

—¡Deja de decir eso!

—¿Dónde estamos?

Giulia giró la cabeza.

—¿Qué…?

Pero Byron miró por la ventanilla como si no reconociera la avenida y la única razón por la que no sacó la cabeza por la ventanilla, como un cachorrito emocionado, fue porque ella tiró de su saco y lo obligó a pegar de nuevo el trasero al asiento.

—¿Vamos a mi casa? —preguntó Byron, ya arrastrando las palabras.

—Sí.

Él cerró los ojos como si eso fuera todo lo que necesitaba.

—Perfecto.

Pasaron otros cinco minutos desesperantes hasta que él puso una mano sobre le muslo de la muchacha, más como llamada de atención que como coqueteo.

—¿Giulia…?

—¿Qué?

—Creo que estoy borracho…

—No estás borracho.

—Eso es preocupante porque… no recuerdo beber suficiente para estar así.

Ella maldijo. Estaba tan drogado que ni se acordaba de que lo habían drogado. Entonces le pareció que para semejante drama, el departamento de Byron todavía estaba demasiado lejos y el tráfico apenas avanzaba. Su propia casa quedaba mucho más cerca, así que giró el volante y cambió de dirección en cuanto pudo.

—¿Adónde vamos?

—A mi departamento.

Byron giró lentamente la cabeza, probablemente porque ya veía en cámara lenta.

—¿Me estás invitando… o secuestrando…?

—Estás drogado —rezongó Giulia.

—Eso también…

—No vuelvas a hablar.

Y esta vez sí que Byron la miró como si fuera un cachorrito obediente.

Cuando llegaron, Giulia tuvo que rodear el auto para ayudarlo a salir. Él podía caminar, pero su coordinación estaba desapareciendo rápidamente.

—¿Siempre tienes dos puertas? —preguntó mientras ella intentaba abrir.

—Solo hay una.

—Entonces definitivamente tenemos un problema… ¡me han agregado un ojo sin mi autorización!

—¡Dios mío! —suspiró Giulia con impotencia y con mucho esfuerzo logró subirlo a su ático.

Abrió la puerta casi a ciegas y Byron apoyó la espalda contra la pared.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS