10 AÑOS… CAPÍTULO 29. Diez años robados
Byron continuó mirando las cartas como si en algún momento una de aquellas palabras fuera a abrir una puerta dentro de su cabeza. Había reconocido su letra, sus expresiones, incluso aquella costumbre de corregir encima de lo escrito cuando no tenía paciencia para empezar de nuevo, pero no recordaba haber sostenido ninguno de aquellos papeles.
Giulia estaba sentada frente a él, con la espalda apoyada contra una de las columnas de la glorieta.
—¿Cómo empezó? —preguntó Byron de repente.
—¿Qué cosa?
—Nosotros. Ya sé que estuvimos juntos, que escribí estas cartas y que aparentemente tenía un talento musical cuestionable, pero no sé cómo llegamos hasta aquí.
Giulia sonrió ligeramente.
—Mal.
—Eso parece más acorde con nuestra relación actual —murmuró—. ¿Estamos repitiendo?
—Bueno… en ese entonces también nos caíamos mal desde el principio.
—¿En serio?
—Tú eras insoportable.
—Eso no responde la pregunta.
—Para mí sí —replicó ella—. Te divertía molestarme porque yo quería tener todo organizado. Horarios, actividades, competencias... Y tú aparecías constantemente para cambiar mis planes. Un día viste mis iniciales escritas en una carpeta y empezaste a llamarme Gio. Cuando te expliqué que eran Giulia Irina Orlenko, decidiste que significaban Gangster In Order porque, según tú, yo tenía la personalidad de una mafiosa con agenda.
Byron soltó una risa baja.
—Sigo pensando que es bastante bueno.
—¡Claro! ¡Lo inventaste tú!
—¿Y así te conquisté? —preguntó él con una sonrisa dulce que a ella le aflojó las piernas aunque estaba sentada.
—No exageremos. Primero casi te ahogo en el lago.
—¿Casi? —Él levantó las cejas.
—A veces todavía me arrepiento de haberme detenido.
Byron rio, pero la sonrisa de Giulia fue desapareciendo mientras miraba el muelle.
—Después empezamos a buscarnos sin admitirlo. Si había una actividad, encontrabas la forma de terminar en mi grupo. Si yo desaparecía, aparecías preguntando dónde estaba. Comenzamos a venir aquí por las noches porque era el único sitio donde nadie nos molestaba y... simplemente ocurrió.
—¿Cuánto duró?
—Casi cinco meses.
Byron miró las cartas.
Cinco meses desaparecidos de su memoria. Para cualquier otra persona podían parecer poco. Para aquellos dos adolescentes habían sido suficientes para llenar una caja y planificar años.
—¿De verdad pensábamos seguir juntos?
Giulia lo miró como si la pregunta doliera.
—No lo pensábamos. Estábamos asquerosamente convencidos.
Le contó que habían discutido sobre quién viajaría primero, sobre universidades, vacaciones y llamadas interminables. No habían sido tan ingenuos como para creer que la distancia sería sencilla, pero sí lo suficiente para creer que podían vencerla.
El último día se habían prometido escribir apenas llegaran.
—Y tú lo hiciste —murmuró Byron.
—Varias veces, pero cuando vi que me habías bloqueado… primero probé desde otro teléfono. Después intenté encontrarte por otros medios. Nada.
—Porque alguien había cerrado todas las puertas.
—Eso lo sé ahora. Entonces pensé que las habías cerrado tú —confesó con rabia—. Al final tuve que aceptar que para ti aquello había sido un verano y para mí había sido... —Se encogió de hombros—. Mucho más.
El teléfono de Giulia sonó en ese momento, miró la pantalla y se incorporó inmediatamente.
—Es mi tío.
Respondió y activó el altavoz.
—Dime.
“Tengo la reconstrucción preliminar completa” anunció Kolya. “El accidente de Blackwood fue, en efecto, solo un terrible accidente. No encontré indicios de manipulación del vehículo ni participación de terceros”.

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