10 AÑOS… CAPÍTULO 30. La segunda primera vez
La pregunta era simple… pero la respuesta era más simple todavía, solo que los dos tenían miedo de decirla.
Byron salvó los pocos centímetros que los separaban y su boca se encontró con la de Giulia con una necesidad desesperada, como si tratara de rescatar diez años de ausencia en un solo beso. Y lo mejor, o quizás lo peor de todo, fue que ella respondió al beso sin vacilar.
Sus manos se cerraron sobre la camisa de Byron mientras él la atraía contra su cuerpo, y durante unos segundos desaparecieron Amanda, el accidente, las cartas y aquellos diez años que ninguno podía recuperar. Solo quedaron el sabor de su boca y aquella atracción que había estado creciendo entre ellos incluso cuando Giulia todavía creía odiarlo.
La lengua de Byron la asaltó profundamente, reclamándola, pero de repente se detuvo; y Giulia tardó un instante en abrir los ojos.
—¿Qué pasa?
Él seguía sujetándola por la cintura, aunque había desaparecido toda la urgencia de su expresión.
—Necesito preguntarte algo y probablemente no me guste la respuesta.
—Entonces no preguntes.
—Excelente consejo, pero ya es demasiado tarde para él. —Byron respiró hondo—. ¿A quién estás besando ahora? ¿Me estás besando a mí o estás intentando recuperar al Byron de dieciocho años?
Giulia apartó lentamente las manos de su camisa.
—No sé si puedo separar completamente las dos cosas —admitió—. Tú tampoco podrías si estuvieras en mi lugar. Para mí no existen dos personas diferentes.
—Para mí sí.
—Lo sé. Pero tampoco quiero recuperar exactamente lo que tenía entonces. Yo tampoco soy aquella muchacha, Byron. No quiero volver a tener dieciocho años… pero sí quiero saber qué podemos tener ahora.
Byron miró hacia la fotografía que todavía descansaba sobre la caja.
—Es absurdo.
—¿Qué cosa?
—¡Estoy completamente celoso de mí mismo!
Giulia soltó una carcajada suave y se encogió de hombros
—Eso no es nuevo.
—No te rías. Ese imbécil recuerda todos tus besos. Recuerda cuándo se enamoró de ti, las conversaciones, las canciones, esta glorieta... Yo tengo que enterarme leyendo sus cartas.
—Técnicamente, el imbécil eres tú.
—Eso no ayuda. Creo que fui una clase de imbécil muy distinto cuando volvimos a encontrarnos, pero ¿sabes qué creo?
Ella sonrió y le acarició el cabello.
—¿Qué?
—Creo que el cuerpo tiene memoria, que el corazón tiene memoria, porque en cuanto volví a verte, me volviste a gustar.
Giulia hizo un puchero y suspiró entre sus brazos.
—Eso es terriblemente romántico, pero tengo que reconocer que te queda bien. Ven, vamos a conocer al imbécil.
Pasaron el resto de la tarde recorriendo el campamento. Giulia dejó de intentar que Byron recordara. En lugar de preguntarle si algún lugar despertaba algo, simplemente le contó historias. Le mostró el comedor donde él había cambiado los carteles que reservaban las mesas para que Giulia terminara sentada a su lado.
—Eso fue manipulación.
—¡Eso dije yo!
—¿Funcionó? —preguntó Byron.
—Estuvimos juntos todo el almuerzo.
—Entonces fue estrategia.
Más adelante llegaron a un viejo edificio destinado a talleres.
—Aquí me arruinaste una pintura.

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