Entrar Via

7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 241

10 AÑOS… CAPÍTULO 31. Algo nuevo para dos

La boca de Byron bajó por su cuello, trazando una línea de besos húmedos desde la mandíbula hasta la clavícula, mientras sus manos encontraban los tirantes del vestido y los deslizaba por los hombros. La tela cayó hacia adelante, dejando los pechos de Giulia al descubierto. Eran pequeños y firmes, con los pezones ya endurecidos por el aire nocturno y por la excitación que le estremecía el vientre. Byron se inclinó y tomó uno en la boca, succionando con fuerza, pasando la lengua alrededor del pezón erecto mientras con la otra mano le acariciaba el otro pecho, pellizcando suavemente.

—¡Maldición! ¡Eso sí que no se te olvidó! —jadeó ella echando atrás la cabeza, mientras un sonido gutural que se le escapaba de la garganta.

Las manos de Giulia se aferraron a los hombros de Byron, clavando las uñas a través de la camisa. Él chupaba con avidez, alternando entre lamidos largos y succiones cortas que hacían que el pezón se endureciera aún más, rojo e hinchado bajo su boca.

Una de sus manos bajó por su vientre, deslizándose bajo la tela del vestido hasta encontrar la entrepierna de Giulia. Sus dedos rozaron la tela húmeda de su braga, y soltó un gruñido sordo contra su pecho al notar la humedad que había empapado la tela. La apartó a un lado con un movimiento impaciente y sus dedos encontraron la carne caliente e hinchada de su sexo. Estaba empapada, resbaladiza, y sus dedos se deslizaron fácilmente entre los pliegues hasta encontrar su clítoris.

Giulia abrió la boca en un gemido silencioso cuando él empezó a masturbarla, moviendo los dedos en círculos lentos mientras la penetraba con dos dedos, curvándolos hacia arriba en busca de aquel punto que la hacía temblar. El sonido de sus dedos entrando y saliendo de su sexo era casi obsceno en el silencio de la glorieta, como un chapoteo suave que se mezclaba con la respiración entrecortada de ambos.

Byron la masturbó con una constancia implacable, aumentando el ritmo cuando ella empezó a mover las caderas sobre su mano, buscando más presión, más profundidad.

—Byron —jadeó Giulia con la voz rota, aferrándose a su camisa como si fuera lo único que la mantenía unida al mundo.

Y cuando él retiró los dedos de golpe, agarrándola por las caderas y tumbándola sobre la madera de la glorieta, todo lo que salió de la garganta de Giulia fue un gemido de satisfacción. Podía sentir su miembro, grueso y palpitante contra su sexo justo antes de penetrarla con un solo empuje, hundiéndose en ella con una fuerza que la hizo deslizarse varios centímetros sobre la madera.

El grito de Giulia se perdió sobre las aguas oscuras del lago mientras Bayron la follaba sin pausa, sin suavidad, agarrándola de las caderas para mantenerla en su sitio mientras embestía una y otra vez. El ruido de sus cuerpos chocando resonaba en la glorieta, húmedo y bestial. Cada embestida empujaba a Giulia contra las tablas, y ella se agarraba a los bordes de la madera mientras recibía cada golpe con la boca abierta y los ojos entrecerrados. Su sexo se apretaba alrededor de Byron, contrayéndose con cada empuje, tragándoselo entero.

—Voy… me voy a… —jadeó ella con la voz rota, y Byron no se detuvo hasta que la escuchó correrse con un grito que se quebró en su garganta.

Todo su cuerpo se arqueó sobre la madera mientras las oleadas del orgasmo la recorrían en espasmos descontrolados, y justo en ese momento él la giró con un movimiento fluido.

Giulia se apoyó las rodillas, mirando hacia la barandilla de la glorieta, hacia el lago oscuro que se extendía ante ella. Byron se sentó detrás de ella y la atrajo hacia atrás, sentándola sobre su regazo. Su miembro volvió a encontrarla y la penetró de nuevo, más hondo en aquella posición, llenándola por completo.

—Te deseo —le gruñó al oído, con la voz ronca y el aliento caliente contra su cuello. Sus manos subieron por su cuerpo, agarrándole los pechos mientras la hacía moverse sobre él—. Te deseo desde la primera vez que te vi, Giulia. Y te voy a desear todas las veces que te vea.

Ella se movió sobre él, cabalgándolo con movimientos lentos y profundos que hacían que Byron se desesperara como nunca en su vida por un orgasmo.

—No pares —jadeó Giulia, con la cabeza echada hacia atrás sobre su hombro, los ojos cerrados, la boca abierta.

Byron aumentó el ritmo, embistiendo con más fuerza, más rápido, clavando los dedos en la carne de sus caderas mientras la penetraba sin descanso. Giulia sintió un nuevo clímax acumulándose de nuevo en su vientre, una tensión que crecía con cada embestida, con cada palabra, con cada caricia.

—Quiero que lo hagas… quiero que te corras para mí… —siseó él con urgencia, sintiendo la presión también.

Alrededor de su miembro Giulia latía como si sus paredes quisieran devorarlo por completo.

—Eso es nena… eso es… córrete para mí…

El segundo clímax de Giulia llegó con un gemido largo y tembloroso, todo su cuerpo se tensó sobre Byron mientras las olas del orgasmo la atravesaban. Su sexo se apretó alrededor de su miembro con espasmos descontrolados, y Byron la agarró con más fuerza, empujando una última vez antes de correrse también, llenándola mientras el lago seguía quieto y oscuro ante ellos, indiferente… pero suyo.

Ninguno de los dos supo cuándo se derrumbaron, o cuándo terminaron acostándose en la vieja glorieta. Y lo cierto era que ninguno intentó convertirlo en una repetición de lo ocurrido diez años atrás. Aquello pertenecía a dos adultos que habían llegado hasta allí por un camino absurdo, doloroso y demasiado largo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS