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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 92

CAPÍTULO 92. Antojos

Hubo un segundo completo de absoluto silencio donde los dos se quedaron mirándose fijamente, como si Kat tratara de comprender si era una broma o hablaba en serio.

—¿Qué tan arrogante, creído, y malcriado tienes que ser para creer que puedes chantajearme con sexo? —lo acusó.

—¡Oye, tú fuiste la que dijo que te gustaba!

—¡Jordan Blackwood!

Élhizo retroceder la silla y levantó ambas manos inocentemente.

—¡¿Qué?! Era una observación científica. Te gusta el sexo conmigo y soy bueno en eso. Tú también eres muy buena, eso es un hecho…

—¡Lárgate!

—Está bien, está bien...

Giró la silla hacia el ascensor por el que había llegado, pero justo antes de marcharse la miró. —Kat. —Jordan habló con una seriedad completamente distinta—. ¿Cuándo es tu próxima cita con el médico?

La sonrisa desapareció del rostro de Katerina.

—Dentro de una semana.

—¿Puedo acompañarte?

Ella lo pensó por un segundo y luego asintió.

—OK, entonces vendré a buscarte.

—¿Y tu rehabilitación? —preguntó ella porque sentía que preocuparse uno por el otro no iba contra las reglas de divorcio.

—De esa tengo todos los días. —Jordan señaló hacia abajo con un dedo—. Justo en el piso de abajo.

—¿Qué? —Katerina frunció el ceño y Jordan sonrió.

—Mi terapia será todos los días... es en el piso de abajo.

—No sabía que hubiera una clínica de rehabilitación ahí…

La sonrisa de Jordan se hizo mucho más grande.

—No, no es una clínica. Acabo de comprar el departamento.

Katerina tardó unos segundos en procesarlo y luego su voz salió como un rugido demandante.

—¡¿Compraste... el departamento de abajo?!

—Síp.

—¡Jordan!

—Fue pura casualidad.

—¡No existe una casualidad tan grande!

—Claro que existe. Yo solo vi un anuncio. ¡Ni siquiera sabía dónde era!

—¡Mentiroso!

—El mercado inmobiliario es fascinante.

—¡Jordan Blackwood! ¡Esto es acoso inmobiliario!

Él soltó una carcajada y empujó su silla a toda velocidad hacia el ascensor.

—¡Atrápame si puedes! —gritó atravesando el pasillo y Katerina salió solo para verlo casi derrapar en la esquina.

—¿Va tan mal?

Emerson suspiró.

—Más o menos. —Comenzó a caminar hacia el interior de la sala—. Recuperó completamente la sensibilidad. Pero descubrir que puedes sentir las piernas no significa que ya tengan fuerza para sostenerte. No es fácil recuperarse de esa porquería con que nos envenenaron.

Katerina permaneció en silencio. Podía imaginar perfectamente la frustración de Jordan, y sabía que no era precisamente un hombre paciente.

—¿Puedo verlo?

—Claro. —Emerson señaló el fondo del apartamento—. Está en el gimnasio.

Katerina caminó con cuidado por corredor hasta la pared acristalada del gimnasio. Dentro había máquinas de rehabilitación, colchonetas, pesas, y ocupando el centro de la habitación, unas barras paralelas. Jordan estaba entre ellas, sujetándose con tanta fuerza que los nudillos habían perdido completamente el color.

Llevaba una camiseta deportiva empapada de sudor que se adhería a su espalda, marcando cada músculo tenso por el esfuerzo. Su respiración era pesada y cada intento parecía exigirle una cantidad absurda de energía. Mientras el fisioterapeuta permanecía a un lado, atento a cualquier pérdida de equilibrio.

—Muy bien.

Jordan intentó mover una pierna, pero apenas consiguió adelantarla unos centímetros, el esfuerzo hizo que cerrara los ojos. Después avanzó la otra, su cuerpo tembló mientras los brazos soportaban casi todo el peso. Aun así continuó. Otro intento. Otro paso incompleto. Las piernas respondían... pero no tenían suficiente fuerza.

Katerina sintió un nudo en el pecho. Nunca lo había visto luchar así, Jordan siempre había sido el hombre que resolvía los problemas de otros, el que parecía capaz de controlarlo todo, y ahora estaba peleando contra su propio cuerpo.

Después de unos minutos más, el fisioterapeuta levantó una mano y Jordan dejó escapar el aire con frustración.

—Ya no puedo seguir…

—Mañana podrás más. Así es como funciona —le dijo con amabilidad—. Terminaremos por hoy.

El hombre salió del gimnasio con una despedida y Jordan se quitó la camiseta, respirando con dificultad.

Y Katerina fingió que no veía nada… ni sus músculos, ni aquel pecho cincelado, ni las gotitas de sudor que le caían del cabello…

—Bueno… a lo mejor no es tan malo que se haya mudado abajo… una puede tener antojos por el embarazo. ¿no?

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