CAPÍTULO 93. Un método diferente
Jordan no iba a rendirse, eso era un hecho, pero también era cierto que por momentos la fracción lo dominaba. Alcanzó una botella de agua, bebió un poco y el resto se lo echó por encima de la cabeza, dejando que le corriera sobre el pecho. Solo en ese momento descubrió a Katerina y la sorpresa iluminó inmediatamente su rostro.
—¿Disfrutando la vista?
Ella caminó hasta una silla cercana, tomó una toalla limpia y se la tendió.
—Valorando si vale la pena regañarte o felicitarte —respondió y Jordan aceptó la toalla.
—Gracias.
—Lo estás haciendo muy bien, y parece que tienes un buen fisioterapeuta… pero tienes que ser más paciente, la frustración no te va a ayudar.
Jordan dejó escapar una risa sin humor.
—Lo sé —dijo mirando las barras paralelas—. Pero es difícil. Creí que en cuanto pudiera volver a sentir las piernas... simplemente caminaría. —Negó lentamente—. Pero todavía me siento preso dentro de mi propio cuerpo.
Aquellas palabras hicieron que el corazón de Katerina se encogiera.
—Entonces quizás la primera meta no sea volver a caminar. Quizás sea solo… llegar al final de las barras. No es mucho.
Él frunció ligeramente el ceño.
—¡Se sienten como diez kilómetros!
—Porque las estás mirando completas en vez de lo que hay al final.
—¿Y qué hay al final, exactamente? ¿Tú en tanga?
—¿Eso te entusiasmaría? —preguntó ella achicando los ojos con sospecha.
—Kat, por ti en tanga cruzaría el Sahara de rodillas —replicó él con una convicción que hizo a Katerina mirarlo con expresión desafiante.
Entonces hizo algo que ni ella misma esperaba.
Katerina lo observó unos segundos antes de decir algo completamente inesperado.
—¿Llegarías si me pongo al final de las barras? —preguntó caminando hacia allí y Jordan dejó la toalla a un lado.
—Esa es una oferta interesante.
Respiró hondo, volvió a sujetarse con fuerza y se levantó sobre las barras. Avanzó una mano y una pierna… después la otra. Los músculos temblaban violentamente y el sudor volvía a recorrerle la frente.
—No... No puedo...
Katerina observó la distancia que todavía faltaba, caminó hasta la puerta del gimnasio y la cerró con un clic del seguro. Jordan la siguió con la mirada, confundido, pero la confusió n se le fue disipando cuando vio aquella sonrisa peligrosa.
—Vamos a negociar tú y yo —le dijo sacándose lentamente la chaqueta y Jordan arqueó una ceja.
—¿Y qué quieres negociar?
—Por cada paso que avances... me quitaré algo.
Jordan despegó los labios en una sonrisa que estaba a puto de ser embobada.
—Eso es trampa.
—¿Por qué?
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