Cuando despertó al día siguiente, tenía la cara llena de rastros de lágrimas secas.
Sofía se recompuso emocionalmente y después de salir de la habitación, caminó hacia la sala.
La residencia estaba algo lejos del centro de la ciudad, así que planeaba despedirse de la abuela e irse.
No esperaba que, justo cuando estaba por entrar, viera a Laura entrando.
—Buenos días —saludó Sofía instintivamente.
Laura y sus padres siempre desayunaban en la residencia principal. Laura sabía que Sofía se había quedado en la noche, así que no le sorprendió.
Le lanzó una mirada indiferente a Sofía. Había planeado ignorarla, pero cuando sus ojos se posaron en el pecho de Sofía, su expresión se paralizó.
Laura señaló su cuello.
—¿De dónde sacaste ese collar?
Sofía miró con confusión y se dio cuenta de que se refería al que Gabriel le había prestado.
—Me lo dio un amigo —respondió con voz tranquila.
Laura no lo pensó dos veces.
—¡Imposible!
Sin mencionar que Sofía no tenía amigos, aunque los tuviera, ¿cómo iba alguien a regalarle un collar tan valioso?
¡Ese collar había sido la pieza estrella de la subasta benéfica de los Lima, y al final Gabriel lo había comprado por dos millones de dólares!
Laura sabía que le estaba mintiendo, pero no podía decir por qué lo sabía.
Los García nunca asistían a las galas organizadas por los Lima, así que ese día ella había ido a escondidas solo porque Gabriel estaría ahí. Nadie de la familia lo sabía y tampoco quería que Sofía se enterara.
Laura señaló el collar con aire autoritario.
—Quítatelo para que lo vea.
Sofía respondió:
—No.
—¿Qué dijiste? —Laura se molestó.
Sofía continuó:
—Antes de pedirle algo a alguien, al menos di “por favor”.
Laura se puso roja.
Las palabras "por favor" se le quedaron atascadas en la boca. ¿Qué clase de broma era esa? ¿Ella pidiéndole algo por favor a Sofía?

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