Sofía no podía salir del hospital, así que por la tarde llamó a Gabriel para pedirle que le llevara su laptop de trabajo.
Cuando Gabriel llegó, Sofía notó que tenía el pómulo levemente hinchado y enrojecido, como si fuera una raspadura. De inmediato pensó en la raspadura idéntica que había visto en la cara de Alejandro, y una sospecha comenzó a tomar forma en su mente.
—¿Te peleaste con Alejandro? —preguntó.
Gabriel no tenía intención de ocultárselo y asintió.
—¿Por qué? —Sofía no entendía.
Era cierto que Gabriel y Alejandro no se llevaban bien, pero tampoco tenían mayor trato entre ellos, y ninguno de los dos era del tipo que tomara la iniciativa en una pelea. ¿Entonces por qué se habían agarrado a golpes? No podía ser que fuera... ¿por ella?
Gabriel adivinó sus pensamientos y desvió la mirada un instante.
—Son cosas entre hombres, no te preocupes por eso.
Sofía decidió no insistir, aunque sabía perfectamente que su suposición era correcta: se habían peleado por su culpa.
Los sentimientos que eso le generaba eran contradictorios. Por un lado, estaba conmovida, después de tantos años, Gabriel era la primera persona dispuesta a defenderla; pero por el otro, no quería que se metiera en problemas con Alejandro. De todas formas, el daño ya estaba hecho, así que no dijo nada más.
Se puso a hacer cuentas. Faltaban cinco días: cinco días para la presentación de UME y también para el día en que ella y Alejandro irían a firmar los papeles del divorcio. Cuando llegara ese momento, entre ellos ya no habría absolutamente nada.
Sofía dejó de darle vueltas al asunto y trató de concentrarse en el trabajo, aunque la enfermedad le seguía nublando la cabeza. Varias veces sintió que una idea estaba a punto de tomar forma, pero se le escurría antes de poder atraparla. Si seguía así, el tiempo no le iba a alcanzar.
Justo cuando estaba en medio de esa angustia, al caer la tarde sonó su celular. Era Andrés.
El Grupo Lima era el mayor inversionista de UME. Aunque Andrés había firmado el contrato sin mayores complicaciones, Sofía sabía bien que los Lima no eran gente de fiar. Si el lanzamiento del nuevo producto se retrasaba de golpe, no podía garantizar que el Grupo Lima no aprovechara la situación para presionarlos. Esa era una de las razones por las que ella se empeñaba en respetar la fecha.

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